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Irrita la razón escuchar a la conductora Cynthia García en Radio Nacional y a Agustina Díaz en Canal 7. La actitud genuflexa y aduladora hacia la gestión de gobierno de la presidente Cristina Fernández exaspera y erosiona la honestidad y las buenas artes en el periodismo, condiciones indispensables que debe tener y practicar cualquier comunicador y periodista, especialmente los que están al servicio del Estado. La afirmación: “Cynthia García es genuflexa y aduladora con los funcionarios y políticos del gobierno kirchnerista”, no es exagerada ni en balde. 

Hace unos días, durante una entrevista al dirigente agropecuario Luis Miguel Etchevehere, la conductora del programa A cara lavada, mostró sus dotes de aduladora del gobierno de turno. Lo hizo mientras dialogaba con esa persona vinculada al campo y opuesta políticamente al modelo kirchnerista. Durante la conversación, la intrépida periodista intentó que Etchevehere expresara frases positivas al gobierno, algo que interlocutor no estaba dispuesto a hacer. Pese a que García le recordó que en los años 90 los campos estaban quebrados, no logró sacarle la expresión que la conductora deseaba escuchar: “La década del gobierno kirchnerista fue mejor para la actividad agropecuaria que la década pasada”. El objetivo propagandístico de García, de quedar bien con el gobierno de Cristina Kirchner, cada vez que habla de cualquier asunto en la radio, la condiciona a creer que puede obligar al entrevistado a que diga alabanzas a favor del gobierno, al gobierno, al cual ella se somete.

La visión distorsionada que García tiene sobre la actividad periodística y de la verdadera función y misión de un periodista del Estado, puede comprobarse con esas confrontaciones televisivas vergonzosas que protagonizó con numerosos manifestantes en la Plaza de Mayo, y que los estudiantes de comunicación deberían ver y analizar para saber qué es lo que no debe hacerse en periodismo. Durante las marchas denominadas 8 N y 18 A, que los ciudadanos hicieron contra las políticas del gobierno de Cristina Kirchner, la conductora fue con un móvil del programa de la televisión estatal 6,7,8 a reprender a los opositores. Durante las entrevistas con los protestantes, García, retó, reprochó, y cuestionó los testimonios y la actitud de los manifestantes.

García: Usted debe entender algo. Para ejercer el periodismo honesto -no digo objetivo, ni libre, ni independiente- sino honesto, usted debe saber que una entrevista periodística no es una pulseada, no es una lucha cuerpo a cuerpo, no es un espacio de propaganda política, sino un diálogo, una conversación entre dos personas, donde el entrevistador puede repreguntar  y buscar un hueco en las expresiones del interlocutor, pero que el entrevistado es libre de expresar lo que desee. 

Estas malas prácticas en los medios de comunicación públicos ocurren porque en realidad toda la comunicación pública en la Argentina debería estar construida en los organismos por ‘periodistas del Estado’, ‘no por periodistas del gobierno de turno’, o como se los denomina ahora: ‘periodistas militantes’, que se convierten rápidamente en reidores, aplaudidores, aduladores, protectores, alcahuetes, demagogos y arrastrados de los funcionarios y políticos que forman el gobierno nacional.

La agencia de noticias TélamCanal 7, y Radio Nacional, por nombrar algunos, son medios de comunicación del Estado, y por ende los periodistas y comunicadores que allí trabajan cobran sus salarios con el dinero que proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos. Por tanto, esos periodistas deben cumplir la función y misión de informar y comunicar los actos de gobierno de las entidades públicas. Sin embargo, en muchos casos esos trabajadores de prensa en los gabinetes de prensa del Estado se convierten en simples ‘periodistas del gobierno de turno’, que ofician de voceros de propaganda política, repartidores de publicidad a periodistas de medios privados con la intención de comprar voluntades, demagogos, aduladores y genuflexos de funcionarios y políticos que, en la mayoría de los casos, desean promocionarse con cualquier nimiedad.

Periodistas del Estado 

Para ver con claridad la diferencia entre un ‘periodista del Estado’ y un ‘periodista del gobierno de turno’ en un mismo medio de comunicación público, basta con recordar el entredicho entre el periodista Juan Miceli y el diputado, Andrés Larroque. Luego de las inundaciones en la ciudad de La Plata, un grupo de militantes kirchneristas, vestidos con ropas que llevaban la inscripción de la agrupación La Cámpora, acopiaban alimentos y otros enseres que la población de toda la Argentina había donado para los damnificados por el temporal de lluvia que sufrieron los habitantes de ese conglomerado bonaerense. Mientras los militantes transportaban las donaciones, el diputado del partido Frente para la Victoria, Andrés Larroque, era entrevistado por el periodista Juan Miceli, del programa Visión 7 perteneciente al medio estatal Canal 7. El diálogo que sigue es simplemente un botón de muestra de la soberbia de un funcionario que maltrata a un periodista del Estado, por no someterse a la sumisión que en esos lugares se respira constantemente. Transcribimos la entrevista telefónica con la finalidad de ver con claridad cómo es la provocación y el maltrato del diputado Larroque al periodista, y cuál es la actitud aduladora de la conductora Agustina Díaz, compañera de trabajo de Juan Miceli.

Juan Miceli: Le quería hacer una pregunta política sobre esta ayuda. Porque vemos que muchos elementos que se han donado anónimamente, que no están identificadas en forma partidaria. La persona que mandó un colchón, no le puso de qué partido… ¿Por qué… trabajan con pecheras partidarias con estas donaciones anónimas que se han hecho?

Andrés Larroque: ¿En qué sentido partidarias…?

JM: Identificados con La Cámpora…

AL: Porque somos de La Cámpora. Hay de todas las organizaciones, de la Cámpora…

Agustina Díaz: Andrés… Soy…

AL: Disculpame… ¿Cómo es tu nombre?

JM: Juan Miceli.

AL: Ah… Juan Miceli. ¿Cómo estás? Creo que lo importante es sumar, ayudar a la gente y no enredarse en cosas que no suman. Lo importante es ayudar. Si querés otro día lo discutimos.

Agustina Díaz: Andrés… Soy…

AL: Te agradezco la pregunta, no creo que aporte mucho, pero si querés lo discutimos otro día. Acá está trabajando la Cruz Roja, Médicos del Mundo, si querés le sacamos las pecheras a todos. Si para vos ayuda eso.

JM: Disculpe si le molestó la consulta.

AL: No. Decime en qué cambia…

JM: Cambia en que me parece que es una causa nacional a partidaria, de ayuda a las víctimas y el hecho de que se identifique con un partido político, a quien hizo una donación, quizá no es lo que quiere.

AL: La gente sabe a quien se lo dona. La gente se lo está donando al centro solidario que montó Unidos y organizados, La Cámpora, el movimiento Evita y todo el conjunto de las organizaciones. Sabe a quien le está confiando… y lo está confiando a nosotros… porque sabe que trabajamos en los barrios, me comprendés, o vos crees que venimos acá hoy… nosotros trabajamos todos los días en los barrios, disculpame que tenga vehemencia, pero hace muchos días que estamos acá trabajando codo a codo con la gente. ¡Ah… te  invito a que vengas a ayudarnos. Te espero hoy acá eh… cuando termines el noticiero!

Agustina Díaz: Andrés… a mí me gustaría decir… Soy Agustina Díaz. La verdad que a mí en este punto, a mí me gustaría decir que además que la gente esté trabajando con las pecheras, sirve para aquellas personas que se cruzan con alguien, sepan que lo pueden ayudar, sabe a quien recurrir.

AL: Si querés se las damos vuelta. Pero, la gente confía en La Cámpora. Explicale a tu compañero. Decile que lo esperamos a la tarde para que venga a ayudar.

AD: Antes de despedirte y algo que me parece importante, es resaltar la cantidad de pibes, de gente joven que se ve ahí, en todo el país, de cómo una vez más la juventud se pone las pilas y va a dar una mano.

AL: Por eso hablemos de lo importante. Hablemos de ayudar a la gente. (El operativo) sigue el fin de semana, sigue el mes que viene, el año que viene y los próximos veinte años…

El tono canchero, burlón, soberbio, arrogante y agrandado del diputado Larroque, el desprecio y el sarcasmo que el diputado Larroque le propina al periodista, la jactancia y la prepotencia del diputado Larroque, la actitud grosera y marginal del legislador Andrés Larroque, y el tono patotero y amenazante al periodista de: ¡Te espero hoy acá eh… cuando termines el noticiero…! se convierte en un fiel reflejo de cómo el actual gobierno nacional, y la presidente Cristina Fernández en carne propia, trata a la prensa que no le es adicta y genuflexa.

El escarnio del diputado ‘patotero y vehemente’, Andrés Larroque al periodista Juan Miceli tiene una fuente: la costumbre de los funcionarios y políticos del gobierno a ser adulados por los llamados ‘periodistas del gobierno de turno’; tareas que hacen diariamente Cynthia García o Agustina Díaz, unas verdaderas expertas en eso de arrodillarse ante algunos funcionarios prepotentes y de poco fuste.

Agustina Díaz, una aduladora del gobierno de turno

Durante el entredicho entre Miceli y Larroque, la conductora Agustina Díaz no tomó una postura conciliadora sino todo lo contrario: opinó que el empleo de las pecheras en esas circunstancias es correcto. Agustina Díaz fue genuflexa, y trató todo el tiempo en su respuesta de adular fervorosamente al diputado Larroque. Su discurso delató que está dispuesta a someterse a los directivos del Canal, a las charreteras del Poder Ejecutivo Nacional y a las miserias y agachadas que abundan en esos espacios. La actitud mezquina, servil, obsecuente, oportunista, y aduladora de Agustina Díaz, ante su compañero de trabajo Juan Miceli, muestra a las claras cómo se desenvuelven los ‘periodistas del gobierno de turno’, y cuál es la diferencia con los ‘periodistas del Estado’.

Si bien, ambos periodistas cobran sus salarios con los impuestos que pagan los contribuyentes; si bien Miceli y Díaz tienen la misión de informar y comunicar los actos de gobierno, sin que esa tarea tenga que convertirse en una propaganda política; si bien los dos tienen la responsabilidad de dar cumplimiento al Derecho a la Información, figura constitucional que poseen los ciudadanos; solamente uno de ellos cumple con esas premisas: Juan Miceli, un ‘periodista del Estado’ que no desea autocensurarse en un lugar donde reina la autocensura y la censura. Lejos de la ética que demanda el oficio de informar, comunicar, opinar y brindar entretenimiento, se halla Agustina Díaz, una ‘conductora del gobierno de turno’, una ‘conductora militante’, una ‘conductora oficialista’, una categoría de personas peligrosas, oportunistas, obsecuentes, caraduras, chupamedias, y serviles, con poca instrucción educativa, venidos en periodistas, que sobreviven en los organismos públicos a pura genuflexión y arrastramiento. Agustina Díaz forma parte de esa claque.  

Juan Mario Galdeano

 

Habita, en la comunicación y la publicidad institucional de los organismos públicos, en el mundo de la política, en la voracidad del mercado, en la mesa donde se planifica la guerra y la dominación, y en el discurso periodístico de los medios de comunicación privados y oficiales. 

Construido con el código del emisor, el lenguaje del poder circula y deambula con la intención de ingresar como persuasor en el cerebro del destinatario. Hospedado allí, descargará las particularidades de su retórica: eufemismos y extranjerismos innecesarios, tecnicismos, modas, circunloquios, omisiones, mentiras, tergiversaciones, palabras con doble sentido, y frases grandilocuentes, con el fin de persuadir –y manipular- el pensamiento del receptor. 

Niños comidos por cerdos

Para entender cómo es el lenguaje del poder en la Argentina, hay que saber que llegó a América del Sur, en barco, en idioma español, y de la mano de los primeros conquistadores. Un botón de muestra nos lo puede proporcionar lo que ocurría en las calles de Buenos Aires durante el virreinato del Río de La Plata en 1779: “Habían testimonios que aseguraban que los niños eran abandonados en las puertas y huecos; que eran comidos parcial o casi totalmente por perros y cerdos; dejados en las calles y luego pisados por los carros; arrojados a los albañales para que mueran de frío o ahogados en el Río de La Plata”. 1.

Por esta situación, y para proteger esos niños abandonados, el virrey Juan José de Vértiz creó en aquel año, la ‘Casa de Expósitos’.

¿Expósitos…? ¿Qué significaba expósito en aquella época? La palabra ‘expósito’ en el asunto que terminamos de describir, y en ese tiempo de virreinatos, era un eufemismo. Con ese vocablo el virrey evitaba los términos, ‘hijos de esclavas y amos abusadores’, ‘niños negros, mulatos, o cuarterones abandonados en las puertas de las iglesias’, ‘niños provenientes de relaciones sexuales consideradas vergonzantes’, ‘niños indeseados’, ‘hijos ilegítimos’, ‘niños huérfanos’, o bebés destetados y tirados a cielo abierto’.

Actualmente -y pese a que estamos a 234 años de aquellos niños expósitos en la gran aldea- ocurre algo similar en los organismos públicos de la Argentina. Por ejemplo, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires informa en sus gacetillas que en las calles hay ‘personas en situación de calle’, un eufemismo, en lugar de niños desamparados, linyeras, crotos, vagabundos, cartoneros,  indigentes, personas abandonadas en las calles, y ancianos sin hogar, que duermen en los recovecos donde una manga de aire cálido y sucio fluye desde los subterráneos.

Si la comunicación institucional de la Ciudad informa que existen ‘personas en situación de calle’, se corre el peligro que algunos comunicadores y periodistas perezosos transcriban como copiadores que hay ‘personas en situación de calle’, y se produzca el peor efecto en los receptores: que algunas gentes crean que hay ‘personas en situación de calle’.

La frase goza de tanta ambigüedad, que no denota el montículo de sufrimientos humanos que padecen quienes sobreviven en el suelo de las calles. En cambio, si expresamos, ‘niños abandonados en la vía pública’, ‘personas indigentes’, o ‘viejos cubiertos de andrajos que ven pasar la vida tirados en los espacios públicos’, tenemos un problema social y por ende un flagelo que los medios de comunicación, el gobierno, los políticos, los funcionarios y las instituciones públicas tienen la responsabilidad de analizar y solucionar. En este caso, ‘personas en situación de calle’ es una frase eufemística, que oculta y evita el análisis, el estudio y el debate. Es aquí donde el periodista o el medio de comunicación debe estar atento para no convertirse en un fotocopiador de lo que le envía el poder político, y analizar la traducción periodística más adecuada para el receptor: ‘En la Ciudad de Buenos Aires hay 15.253 personas en situación de calle. Para Macri, ‘solo’ 876’, informa con franqueza en su blog, un desprevenido periodista, que no advierte los artilugios del poder político.

¿Cáncer o carcinoma? 

Una de las habilidades de quienes construyen el lenguaje del poder es el camuflaje, esa capacidad de suministrar comunicación institucional, mensajes publicitarios, o simplemente propaganda política, vestida de ‘noticias’ o ‘información’.

Agentes del gabinete de prensa de la Casa Rosada denominan a la presidente de la República Argentina: ‘la presidenta’; mientras que los periodistas y medios de comunicación no afiliados a su ideología y autodenominados como ‘prensa independiente’ emplean con ironía y a secas, el pronombre ‘ella’, o ‘la presidente’, para referirse a la mandataria.

Un caso por la disputa por las palabras fue cuando la presidente tuvo una dolencia en su glándula tiroides. La comunicación institucional del gobierno evitó la temible palabra ‘cáncer’ e informó, a través del vocero presidencial la enfermedad que aquejaba a Cristina Fernández: ‘Padece de un carcinoma en la tiroides’; mientras que el diario Clarín tituló: ‘Cristina será operada de un cáncer de tiroides’.

Moda e imitadores

La presidente de la Argentina –rodeada de funcionarios aplaudidores y profesionales de la adulación- inicia sus discursos con el doblete poco práctico y demagógico de: ‘Buenas tardes a todas y todos…’ La frase, que aparenta evitar la invisibilidad de la mujer y el género femenino en el discurso, no es más que una partícula perteneciente a un ‘lenguaje oficial’ creado por el gobierno, ya que la mayoría de los hispanohablantes no hablan ni escriben de esa forma en su vida cotidiana.

Sin embargo, el lenguaje del poder político tiene alguna efectividad en una porción de la población. Una masa de ciudadanos paparulos y periodistas genuflexos, copiadores y zalameros del poder político, imitan la zonza actitud de la presidente, y escriben: ‘…impuesto a las ganancias a los y las trabajadoras en relación de dependencia…’; ‘las profesoras y los profesores…’; ‘las problemáticas que más le preocupan a vecinos y vecinas…’.

Mientras que otros, con el afán de frenar el androcentrismo en el lenguaje y evitar la ocultación de la mujer en el discurso, se encaminan en las modas de algunos hablantes y emplean –equivocadamente- en la escritura el símbolo de la arroba. Una candidata a concejal expresa en un afiche: ‘[…] Porque trabajar para que se cumplan los derechos de los niñ@s y las mujeres, fue, es y será mi compromiso’.

Es cierto, que el género masculino posee un doble valor y engloba a varones y mujeres, y es cierto también que en algunas ocasiones el masculino produce ambigüedades que pueden dar lugar a la ocultación de la mujer en el discurso. Sin embargo, la lengua española dispone de los elementos necesarios para evitar el sexismo lingüístico.

¿Publicidad o propaganda?

En algunas ocasiones, la lucha del gobierno y los medios opositores por imponer una palabra y no otra, produce que un hecho noticioso sea informado con palabras incorrectas o eufemísticas. Esta actitud -de defensa y contraataque- conlleva a la utilización de palabras que ocasionan confusión en el texto periodístico.

Un caso de estas características ocurrió cuando el gobierno nacional dispuso cobrar un 15 por ciento a los consumidores que hagan compras en el exterior a través de tarjetas de crédito y débito. La nueva medida fue informada por la agencia oficial Télam: ‘El Ejecutivo oficializó el 15 % adicional para compras on line y con débito en el exterior’; algo similar hizo la emisora oficial Radio Nacional: ‘Adicional a la compra con tarjetas’; por su parte el diario Clarín tituló: ‘Ya rige el recargo del 15 % para todas las compras con tarjetas en el exterior’, mientras que el diario La Nación informó: ‘Es oficial el impuesto a compras en dólares por internet y débito’.

¿El cobro de un 15 por ciento a todos aquellos que realicen compras en el exterior a través de tarjetas de crédito y debito, es un adicional, un recargo o un impuesto?

Algo parecido sucede cuando algún medio de comunicación no afín al gobierno habla del ‘discurso oficialista’. Inmediatamente el funcionario ultra kirchnerista Gabriel Mariotto se encarga de corregir y advertir: No es un ‘discurso oficialista’ sino que se trata de ‘una pluralidad de voces’.

Para observar que el cambio de palabras entre los diversos intereses de mercado e ideología no es inocente, veamos otro ejemplo: La Municipalidad de Neuquén informó a través de su gacetilla que promoverá el cuidado de los espacios públicos a través de unos ‘spot publicitarios’, que serán difundidos por un canal de televisión local.

El diario Río Negro, el matutino local, tomó esa información y escribió: ‘[…] se firmó un convenio con el canal […] por el cual la emisora difundirá una propaganda realizada por la comuna, que rescata el cuidado del medioambiente y los espacios verdes’.

¿Por qué al Municipio le salió el tiro por la culata? Quizá, por la arrogancia de creer que sus intermediarios, los medios de comunicación, ‘copian y pegan’ las noticias que les envía el poder político. O tal vez, porque supone que los medios que reciben cuantiosas cuentas de publicidad estatal, tienen la obligación de ‘transcribir’ el discurso oficial, sin pasar, por el cedazo de la política editorial del diario.

El lenguaje del autobombo

Como en el caso de algunas portadas de libros, donde el nombre del autor tiene un tamaño tres o cuatro veces más grande que el título de la publicación, muchos políticos y funcionarios apelan al autoelogio para autopromocionarse y sobresalir ante los demás. Es un discurso donde impera el código del emisor, no del receptor.

Son ínfulas, que generalmente se detectan en esas oficinas donde el funcionario se sienta en un sillón con un respaldar altísimo y sus secretarias repiten como loros algunos tratamientos honoríficos dudosos: ‘el licenciado fulano de tal…, el doctor mengano de tal…

En ese ámbito, donde reinan los humos, el engreimiento, la vanidad, y la soberbia, pueden escucharse frases grandilocuentes como: ‘Se puso en marcha el fondo municipal de emprendimientos productivos para cambiar la matriz productiva de la ciudad’. En esa línea ambiciosa pueden expresar otras: ‘Propuesta del gobierno municipal y relaciones internacionales: una ciudad integrada al mundo’. 

Pero la arrogancia no es solo comunal. En las páginas del diario argentino La Nación, una crónica sobre una actividad periodística, trae una lista de los invitados al acto. En esa nómina hay diversas personalidades del ambiente periodístico. Solamente las autoridades del diario están descriptas con el tratamiento honorífico de ‘doctor’.

Experimento con bebés

El caso de la muerte de 14 bebés en la Argentina, que recibieron una vacuna en experimentación por parte del laboratorio británico GlaxoSmithKline, resurgió tiempo atrás en los medios de comunicación, al conocerse la multa que deberá pagar ese laboratorio por haber cometido irregularidades para conseguir el consentimiento de los padres para que sus hijos recibieran la vacuna.

Pese a que las autoridades sanitarias argentinas aseguran que no hay pruebas que las muertes ocurrieron por la inyección recibida, se comprobó que el laboratorio obtuvo el consentimiento de padres analfabetos. Pese a que los medios de comunicación más importantes de la Argentina abordaron el asunto con desinterés y mezquindad, el intríngulis, entre las autoridades del laboratorio Glaxo, funcionarios encargados de multar a la empresa, y periodistas, destapó los intereses de las partes y dejó al descubierto el poder de la palabra: El laboratorio Glaxo defendió su experimentación contra la neumonía y la otitis aguda como ‘estudios clínicos’, mientras que algunas autoridades sanitarias lo hicieron con la palabra, ‘investigación’, y varios periodistas con los vocablos ‘experimento’, ‘test’, o ‘ensayo’.

No hay dudas que la frase ‘estudios clínicos’ tiene varios sentidos o acepciones y goza de una generosa ambigüedad. No hay dudas tampoco que es un eufemismo  innecesario.

Cuando Rosana Felice del laboratorio Glaxo empleó, durante una entrevista en Radio Continental, la frase ‘estudios clínicos’, intentó alejarse, intentó desvincularse, evitó la discusión y el análisis de la investigación de la aplicación de vacunas en bebés, la obtención de consentimientos de padres analfabetos durante el experimento, las muertes de bebés posteriores a la prueba, y otras irregularidades durante el ensayo.

Así Rosana Felice, con una voz muy suave y con la pronunciación de todas las eses, respondió por la multa que el gobierno argentino impondría al laboratorio por falsear los permisos para los ensayos con niños. Fueron 14 bebés muertos luego del ensayo de una vacuna que desplegó el laboratorio Glaxo, aunque no hay pruebas que los fallecimientos ocurriesen por las inyecciones.

En el transcurso de la conversación, habló de ‘estudios clínicos’ no de experimento. Habló de ‘los niños que participaron’, no de niños o bebés incluidos en el estudio. 

Mentiras, silencios y omisiones

En el discurso de los políticos hay muchas mentiras, silencios y omisiones. Para detectar un funcionario mentiroso, no es necesario ser muy sagaz. Solamente hay que escuchar al ministro del Interior, Florencio Randazzo. Minutos antes que la presidente Cristina Kirchner iniciara un discurso en cadena nacional, donde haría anuncios relacionados a los medios audiovisuales, el ministro fue entrevistado por teléfono por Víctor Hugo Morales, en Radio Continental.

-Víctor H. Morales: Vamos a tomar contacto con el ministro Florencio Randazzo, para preguntarle si sabe de qué va a hablar la presidenta… No. No… Je je je… Es que no debe saber…

-Florencio Randazzo: La verdad que no lo sé. Soy sincero, no lo sé… Falta poco, faltan 45 minutos. Ya vamos a enterarnos todos.

-Daniel López: …Pero es de los medios (de comunicación) ministro…

VHM: No, no… dejá… Daniel se embala…

-FR: No me quiera sacar información…voy a perder el trabajo…

-VHM: Hablemos de fútbol, ministro… de un tema espinoso…

La mentira del ministro fue a todas luces, alevosa. El ministro Florencio Randazzo, defendido por el periodista defensor del relato oficial, Víctor Hugo Morales, intentó hacerle creer a la audiencia que él no sabía el asunto que -minutos después- trataría Cristina Fernández durante su alocución. Solamente el periodista, Daniel López le reprochó a Randazzo tanto descaro con los allí presentes, y la audiencia, imposibilitada de gritarle: ¡No mienta ministro!

El código del emisor

¿El lector, el oyente, el telespectador, el internauta, advierte la intencionalidad  ideológica o de mercado del emisor? ¿El destinatario percibe que la información está construida con el código del emisor y no con el lenguaje que necesita el receptor para la decodificación del mensaje?

Algunos lectores y oyentes no advierten la disputa del poder político, la disputa de los organismos públicos, la disputa de los medios de comunicación por imponer en el receptor una palabra y no otra.

En la mayoría de los casos el lenguaje del emisor intenta desvirtuar el contenido real de la noticia. Se trata de eufemismos y extranjerismos innecesarios, circunloquios, tecnicismos, frases grandilocuentes, muletillas, latiguillos, palabras con doble sentido, omisiones, mentiras, provenientes de la mercadotecnia política, con el fin de vestir una propaganda política y hacerla pasar por una información.

Periodismo complaciente

La mayoría de los medios de comunicación están tomados de las verijas por la publicidad privada o estatal, la fuente más importante de su subsistencia. No obstante, la publicidad, que detenta el mote de quinto poder, produce censura y autocensura en los periodistas y medios de comunicación. 

Los vocablos que hemos visto son repetidos como fotocopiadoras por numerosos medios de comunicación privados. Ello ocurre porque reciben publicidad y dinero de los organismos públicos. Para no perder esa fuente de ingresos muchos medios ‘copian’ lo que le suministra el poder político, sin editar, y revisar las distintas formas de propaganda en que viene embebida la información institucional. Se trata de un periodismo complaciente con el poder político, sin intenciones de tomar las riendas de la investigación de los hechos que demanda la naturaleza del periodismo. Bajo esa premisa numerosos medios se han convertido así en simples entidades con fines de lucro, sin ningún tipo de compromiso social con la ciudadanía.

En los gabinetes de prensa de las instituciones públicas el panorama es aún más deplorable. Allí, literalmente no se practica el periodismo, ya que ni siquiera se trabaja con la información y la comunicación institucional para dar a conocer los actos de gobierno, sino con la publicidad y la propaganda.

En esos espacios, la mayoría de los funcionarios y políticos, atiborrados de soberbia y etnocentrismo, utilizan las oficinas de comunicación del Estado para hacer propaganda política o promocionarse con cualquier nimiedad, en desmedro de la obligación que tienen los organismos públicos, de cumplir con el derecho a la información que poseen los ciudadanos.

El periodismo actual, que debería estar alejado del poder, negocia con las corporaciones y los gobiernos nacionales, provinciales, y municipales, con el solo fin de acceder a la fuente de la publicidad. En pos del dinero se atan de pies y manos, y en esas negociaciones quedan atrapados los periodistas, los redactores, los fotógrafos, y por ende la calidad de la materia prima que se necesita para construir la información.

Periodistas, comunicadores, y empresas periodísticas cada vez más distantes de la deontología. Periodistas que deberían desarticular los artilugios que emplea el poder político para persuadir a los ciudadanos. ¿Por qué? Porque son ellos los intermediarios entre los organismos públicos y los receptores. Son los periodistas los responsables de construir un lenguaje periodístico con códigos que no engañen al receptor. No obstante, debe quedar en claro que esta misión no tiene la intención de ‘amarrar la lengua’, ni de ‘empobrecer el léxico’, ni ‘disminuir la diversidad del lenguaje’, ni ‘limitar la libertad de expresión’, sino de emplear los vocablos que ayuden a la lecturalibilidad, a la interpretación, a la decodificación, sin falsedades ni embustes.

Sin embargo, el receptor debe saber que las partes en pugna tratan de imponer su vocablo y que los cambios lingüísticos no son inocentes. Emplear una palabra y no otra es una decisión política. 

Es que en un mundo, embestido por la producción y el consumo, la mercadotecnia y la publicidad, la sobreinformación y la persuasión, el entretenimiento y la frivolidad, el receptor debe saber que en ese campo de consumidores ningún disparo está tirado a la chuña.      

                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Juan Mario Galdeano                                                                             

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

1. Ares, Fabio Eduardo, Expósitos: la tipografía de Buenos Aires 1780-1824. P. 54.


‘18 de enero de 1917. Muere trágicamente el periodista Don Abel Chaneton, fundador y Director del periódico “Neuquén”, quien se desempeñó honrosamente en el cargo de Intendente Municipal de la Capital del Neuquén’, dice una efemérides escrita por el Ejército Argentino en el año 1966; ‘La muerte de Chaneton fue más bien la obra de la fatalidad […]’, decía Ángel Edelman en su libro Recuerdos Territorianos; y un aviso de Radio y Televisión del Neuquén expresa: ‘el 8 de enero de 1917 una bala hirió de muerte a este periodista’. La exhibición de estas expresiones no tiene aquí la intención de corregir la fecha errónea de la efemérides televisiva, sino en mostrar cómo la lengua del poder político aún tergiversa y desfigura con eufemismos lo ocurrido aquella noche aciaga en el bar La Alegría.

Para hacer un poco de justicia, para decirlo en español y periodísticamente: ‘Abel Chaneton ‘no muere trágicamente’, ni ‘la muerte de Chaneton fue obra de la fatalidad’, ni ‘una bala hiere de muerte a ese periodista’. ‘El periodista y director del diario Neuquén, Abel Chaneton, fue muerto por un asesino, el sargento Perfecto Luna, el 18 de enero de 1917, luego que el periodista informara y denunciara en su periódico a los responsables intelectuales y materiales del fusilamiento de ocho presos capturados en el paraje Zainuco, un valle ubicado a 250 kilómetros de la capital neuquina y dominado por la belleza de las araucarias.

El caso policial Zainuco, comenzó a generar crónicas en el diario Neuquén, el 23 de mayo de 1916, cuando se produce la fuga de alrededor de 100 presos de la cárcel N º 9 de Neuquén. De esa cantidad de penados, 17 evadidos se refugiaron el 29 de mayo a la noche en Zainuco. El 30 a la madrugada, una patrulla policial que los persigue los encuentra en ese lugar, precisamente en el rancho de Fix. Luego de un enfrentamiento a los tiros, ocho son tomados prisioneros, uno muere en la refriega y los ocho restantes son fusilados por un grupo de policías.

Las autoridades del Territorio miraron para otro lado y evitaron la investigación de los hechos. Por tanta desidia, injusticia y atropello, el periodista Abel Chaneton denunció en su periódico a los responsables de la masacre: el gobernador del Territorio del Neuquén, Eduardo Elordi, el juez letrado del Territorio, Enrique Zinny, y quienes mataron a los presos, el comisario inspector de policía, Adalberto Staub, los comisarios Juan Francisco Blanco y Alfredo García Ponte, y los sargentos, Perfecto Luna, Ricardo Guzmán y Dionisio Corzo. Esta política editorial, condujo a Chaneton a un enfrentamiento con las autoridades del Territorio, y Carlos Palacios, quien dirigía el periódico El Regional, una publicación oficialista que defendía a los acusados por el diario Neuquén.

Y fue ese grupo de funcionarios, Elordi, Zinny y Staub, quienes pergeñaron callar la expresión de Chaneton. Lo hicieron con la mano de obra parapolicial de Carlos Palacios, quien, para defender el gobierno local, editó después del fusilamiento de presos una publicación oficialista denominada El Regional en la localidad de Allen, -en la actual provincia de Río Negro-; René Bunster, un ayudante de Palacios, que antes había trabajado con Chaneton en el diario Neuquén; y el sargento Perfecto Luna, -quien participó junto a otros policías en la ejecución de los presos en Zainuco.

Asesinato

Cartel en la esquina donde estuvo el bar 'La Alegría', lugar donde fue asesinado Chaneton.

Cartel en la esquina donde estuvo el bar ‘La Alegría’, lugar donde fue asesinado Chaneton.

 

La conspiración para silenciar a Chaneton estaba en marcha. El 18 de enero de 1917 Chaneton fue al teatro con su esposa, doña Amalia Gómez Salazar y en un intervalo de la obra, decidió entrar al bar La Alegría. Allí estaban Palacios, Bunster, Luna y otros. De repente, la tensión en el bar se transforma en un tiroteo entre los matones y Chaneton. Aquella escena es descripta con precisión por Juan Carlos Chaneton, nieto de Abel, y autor del libro Zainuco, los precursores de la Patagonia trágica: ‘Se tensan los rostros de cera de los escribas cuando ven, bajo el dintel, moviéndose hacia ellos, ya un metro dentro del salón, la figura que los increpa. Palacios no atina a nada, como no sea sacar el calibre 32, cuya cacha de plástico ha estado acariciando desde hace rato. Dispara cuatro tiros, pero el retemblor de su mano le escamotea el blanco. Recibe, en cambio, tres certeros balazos, de los cuatro que les disparó Chaneton. Bunster gatilla tres veces, tan atolondrada como inútilmente, y se esconde en el preciso momento en que Chaneton gira sobre sí para ganar la salida. La jeta hinchada por el odio y el vino del sargento Luna aparece tras los vidrios de la puerta. El gendarme dispara dos balazos que no dan en el blanco. 

[…] Chaneton atraviesa así todo el salón, con sillas y mesas volcadas y parroquianos tendidos en el piso y del cual ya Palacios y Bunster se están escapando. El primero morirá hora más tarde. 

Chaneton […] sale a los fondos y desde allí a un corredor con piso de tierra que comunica con la calle. […] Ya pisa los ladrillos de la acera y se dispone a mirar a su derecha, hacia la esquina, donde el tumulto y la confusión es total. No llega a hacerlo. A su izquierda, junto al portón, se ha ido a agazapar Luna, que casi apoya el cañón de su 38 sobre la tetilla izquierda del hombre. A quemarropa, el plomo el parte el corazón. […] Chaneton ha muerto. Son las a las once cuarto de la noche del jueves 18 de enero de 1917’.

131 periodistas desaparecidos y asesinados  

El hecho Zainuco retumbó en el Congreso Nacional y el caso fue difundido por numerosos diarios del país, pero no tuvo justicia: los verdugos de la masacre de los presos, los que conjuraron el crimen de Chaneton y el autor de los disparos quedaron absueltos. Muy similar a lo que ocurriría muchos años después, cuando en el golpe militar de 1976, las Fuerzas Armadas, el sistema institucional de facto, organizó y conjuró callar la expresión y la voz disidente de un centenar de periodistas, con el secuestro, la desaparición y el asesinato de 131 trabajadores de prensa en la Argentina.

Libertad de prensa

Pese a que el programa de televisión Longobardi en vivo fue sacado del aire el 13 de marzo pasado por el llamado de un funcionario de la Casa Rosada; pese a que el programa Periodismo para Todos no se emitió deliberadamente en algunas ocasiones; y pese a que el Estado Nacional, los gobiernos provinciales, y los municipios del país, continúan con el sistema de premios, castigos y hostigamiento a periodistas y medios de comunicación con la distribución de la publicidad oficial, puede afirmarse que existe la libertad de imprenta y de expresión en la Argentina.

Gazeta de Buenos-Ayres

El 7 de junio de 1810, en plena Revolución de Mayo, Mariano Moreno publicó la Gazeta de Buenos-Ayres. Es por esa gesta, que se recuerda en esa fecha el Día del periodista. Sin embargo, las hazañas de los periodistas Abel Chaneton, Rodolfo Walsh, y Haroldo Conti, merecen nuestro reconocimiento permanente, porque el orden y poder militar establecido no lograron callar a esos hombres que en aras del periodismo libre se convirtieron en crímenes por la libertad de expresión. 

Listado de periodistas y fotógrafos detenidos, desaparecidos y 

asesinados durante la dictadura militar desde 1976 hasta 1983

Según la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) los trabajadores de prensa detenidos y desaparecidos desde 1976 hasta 1983 son los siguientes: Claudio César Adur, detenido y desaparecido el 11.11.76. Era licenciado en Historia de las Artes, docente y periodista. Trabajó en el diario El Cronista Comercial, y las revistas Crisis y Arte Hispanoamericano; Horacio Agulla, asesinado en el 28.8.78. Era periodista y director de Confirmado; Ricardo Emir Aiub, periodista, detenido y desaparecido el 9.6.77; Alejandro Martín Almeida, detenido y desaparecido el 17.6.75. Era trabajador de prensa en la agencia de noticias Télam; Lucina Álvarez de Barros, detenida y desaparecida el 7.5.76. Era esposa de Oscar Osvaldo Barros, docente y periodista, que colaboró en las revistas Barrilete, Momento, Bs. As. Tango y El juguete rabioso; María Elena Amadio, detenida y desaparecida el 23.3.76 y asesinada posteriormente. Sus restos fueron recuperados e identificados en mayo de 2004. Fue periodista y trabajó en la revista Discusión; Andrés Lucio Ariza, periodista de Córdoba, detenido y desaparecido el 22.7.76. Colaboró en la revista Confirmado, fue corresponsal de la revista del Sindicato de Trabajadores Mecánicos de Alemania; Juan José María Ascone, detenido y desaparecido el 18.5.77. Era periodista del diario La Opinión y revistas Primera Plana y Competencia; Jorge Alberto Asenjo, detenido y desaparecido el 12.6.76. Era periodista de la localidad de Cinco Saltos, de la provincia de Río Negro; Osvaldo Balbi, detenido y desaparecido el 11.8.78. Fue poeta y periodista, y colaborador de varias publicaciones de Buenos Aires y el interior del país; Pedro Leopoldo Barraza, asesinado el 13.10.74 por la Triple A. Fue redactor de La Opinión y Clarín, y director de Radio del Pueblo de Buenos Aires. Su cuerpo apareció junto al de Carlos Ernesto Laham, periodista de las revistas Compañeros, Democracia y 18 de Marzo; Oscar Osvaldo Barros, detenido y desaparecido el 7.5.76, escritor y periodista de las revistas Crisis, Barrilete, co-director de la revista Actitud y secretario de redacción de El Escarabajo de Oro; María Bedoian, detenida y desaparecida el 12.6.77. Era esposa de Ignacio Ikonicoff, periodista del periódico semanal Armenia, revista Dinamis, diario El Cronista Comercial, y Radio Municipal; Andrés Humberto Bellizi, detenido y desaparecido el 19-4-77. Periodista uruguayo y editor del periódico El Sol; Alfredo José Berliner, detenido y desaparecido en mayo de 1979, era escritor y periodista; Horacio Félix Bertholet, detenido y desaparecido el 1.10.76. Era periodista en Canal 2 de La Plata y docente en la Escuela de Periodismo de La Plata; Cristina Bettanin, muerta el 2.1.77, era reportera gráfica de las revistas Ya y El Descamisado, y los diarios Noticias y El Diario; Guillermo Bettanin, detenido y desaparecido el 7.5.76, era periodista del Diario Noticias; Leonardo Bettanin, asesinado el 2.1.77. Era diputado nacional y periodista de las revistas Confirmado, Primera Plana y El Descamisado y de la Editorial Siglo XXI; Carlos Bonavita Espinola, detenido y desaparecido el 29.9.76. Era escritor, actor y periodista uruguayo. Trabajó en los diarios Marcha, Acción, El Popular y Época; Mauricio Borghi, detenido y desaparecido el 26.9.74, fue periodista de la Editorial Perfil, Siete Días y Weekend; Alicia Raquel Burdisso Rolotti, detenida y desaparecida el 21.6.77. Era periodista de la provincia de Tucumán, de las revistas Aquí Nosotras de la UMA y el periódico Nuestra Palabra; Miguel Ángel Ramón Bustos, detenido y desaparecido el 30.5.76, poeta y periodista de los diarios La Opinión, y El Cronista Comercial y la revista Panorama; Dardo Cabo, asesinado el 6.1.77 en un traslado de una cárcel a otra. Fue diputado nacional y director de la publicación El Descamisado, y las revistas Extra y Semana Gráfica, y el diario La Razón; Juan José Capdepon, detenido y desaparecido el 23.4.78, era escritor, poeta y periodista de San Pedro, en la provincia de Buenos Aires; Roberto Eugenio Luis Carri, detenido y desaparecido el 24.2.77. Era sociólogo, escritor, docente y periodista de La Opinión, Noticias, Primera Plana, Extra, Marcha (Montevideo), Antropología del Tercer Mundo y corresponsal de la Agencia Interpress Service; Aldo Néstor Casadidio, detenido y desaparecido el 7.12.76. Era periodista de la Casa de Gobierno de Mendoza y de la revista Claves; Conrado Guillermo Ceretti, detenido y desaparecido el 27.7.76. Trabajó en la revista Panorama y los diarios Clarín y La Opinión; Jaime José Colmenares Berrios, detenido y desaparecido el 2.1.77. Reportero gráfico venezolano. Fue fotógrafo en varias revistas y en el diario Noticias, era esposo de Cristina Bettanin; José Domingo Colombo, asesinado el 3.10.73. Era periodista del diario El Norte de San Nicolás, provincia de Buenos Aires; Haroldo Pedro Conti, detenido y desaparecido el 5.5.76. Era escritor, docente y periodista de la revista Crisis. Obtuvo los premios Barral, y Casa de las Américas; Victorio Saturnino Correa Ayesa, asesinado el 29.8.77. Era trabajador de prensa en el diario La Capital de la ciudad de Mar del Plata; Daniel Alberto Daroqui, detenido y desaparecido el 15.7.77, trabajador de prensa del diario Clarín; Julián Delgado, detenido y desaparecido el 4.6.78. Era periodista y fundador de la revista Mercado, y director del diario El Cronista Comercial; Héctor Ernesto Demarchi, detenido y desaparecido el 5.8.76. Era periodista y delegado sindical del diario El Cronista Comercial y corresponsal de Canal 13 de México; Carlos María Denis, detenido y desaparecido el 27.3.77. Era reportero gráfico. Trabajó en la revista Ariel editada por la Caja Nacional de Ahorro Postal. Ganó varios premios latinoamericanos; Ricardo Domínguez, detenido y desaparecido el 24.2.76, periodista de los diarios El Mundo y El Tribuno, de la ciudad de Salta, era esposo de Mabel Kitzler; Pablo Hermes Dorigo, detenido y desaparecido el 20.8.76. Era síndico en el Canal 9 de la ciudad de Buenos Aires; Dardo Sebastián Dorronzoro, detenido y desaparecido el 25.6.76. Era periodista, poeta y escritor. Trabajó en los diarios Alberdi de Vedia, El Civismo de Luján y La Gaceta de Tucumán. Escribió en el periódico socialista La Tribuna Roja; Alicia Graciana Eguren de Cooke, detenida y desaparecida el 26.1.77, era licenciada en Filosofía y Letras, docente, poeta y periodista. Colaboró en el periódico Con Todo, dirigió la revista Nuevo Hombre y editó la revista cultural Sexto Continente; José Guillermo Espinoza Pesantes, detenido y desaparecido el 17.1.78, periodista de La Plata; Ana María Estevao, detenida y desaparecida el 20.10.75, asesinada. Fue periodista del diario La Voz de Solano, de Quilmes; Luis Alberto Fabbri, detenido y desaparecido el 21.4.77. Periodista y director del periódico Respuesta, editado en Buenos Aires; Roberto Nando Falivene, detenido y desaparecido el 29.1.77. Periodista del gabinete de prensa del Ministerio de Obras Públicas de La Plata; María Cristina Fernández de Pankonin, detenida y desaparecida el 1.10.76, fue docente y periodista; Rodolfo Jorge Fernández Pondal, detenido y desaparecido el 5.8.77, fue periodista de la agencia Associated Press y Radio Rivadavia, y director de la revista Última Clave; Claudio Arnoldo Ferraris, detenido y desaparecido el 30.7.77, poeta y trabajador de prensa del diario La Opinión. Trabajó también en la editorial Granica; Héctor Jesús Ferreiros, detenido y desaparecido el 31.3.77, asesinado. Periodista y redactor en la agencia de noticias Télam y revista Somos. Colaborador en la revista Semana Gráfica de Editorial Abril; Fredesvinda Zurama Ferro de García, detenida y desaparecida el 2.6.77, correctora del diario Norte, en la ciudad de Resistencia, Chaco. Fue esposa de Juan Carlos García del Val; Ernesto Luis Fossati, detenido y desaparecido el 26.11.76. Fue periodista y trabajó en el diario Clarín y colaboró en las revistas Primera Plana, Crisis, Gente, Siete Días y Panorama y en Radio Provincia; Jorge Horacio Foulkes, detenido y desaparecido el 17.3.78. Fue periodista y corresponsal de LU 13, Radio Necochea y de La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos; Julio César Fumarola, asesinado el 6.2.74 por la Triple A. Fue reportero gráfico de la revista Siete Días y otras publicaciones; Germán Nelson García Calcagno, detenido y desaparecido el 12.5.77. Reportero gráfico uruguayo; Juan Carlos García del Val, detenido y desaparecido el 9.7.76. Trabajador de prensa en el diario Norte, de Resistencia, Chaco, y esposo de Fredesvinda Zurama Ferro; María Elsa Garreiro Martínez, detenida y desaparecida el 4.8.79, española nacionalizada uruguaya, docente y trabajadora de prensa en el diario Época; Gerardo Francisco Gatti Antuña, detenido y desaparecido el 9.6.76. Periodista uruguayo y director de Época y de Lucha Libertaria, Rojo y Negro y Cartas de la FAU, de la Federación Anarquista de Uruguay. Trabajó como linotipista en los diarios El País y El Día; Marcelo Ariel Gelman, secuestrado el 24.8.76, y posteriormente asesinado. Sus restos fueron entregados a la familia el 5.1.90 y velados en la sede de la Utpba. Fue secuestrado junto a su compañera embarazada, poeta y periodista de la revista Gente y diario Noticias; Raymundo Gleyzer, detenido y desaparecido el 27.5.76, cineasta, fotógrafo y periodista. Trabajó en Canal 13 y en las revistas Panorama, Life, Parabrisas, Time, Georama. Creador del grupo Cine de Base; Mario Oscar Golberg, detenido y desaparecido el 29.10.75. Fue periodista en la Radio Bahía Blanca; Cecilia Élida Gómez Rosano, detenida y desaparecida el 3.1.78. Trabajadora de prensa uruguaya y de la agencia de noticias Télam; Alberto Jorge Gorrini, detenido y desaparecido el 3.6.77. Licenciado en Filosofía, periodista, fotógrafo y docente. Escribía en la revista Bancarios del Provincia del Banco de la Provincia de Buenos Aires; Claudio Nicolás Grandi, detenido y desaparecido el 22.6.76. Poeta, periodista y colaborador del diario Alberdi, de Vedia; Luis Rodolfo Guagnini, detenido y desaparecido el 21.12.77. Periodista de los diarios La Opinión, Clarín, El Cronista Comercial, Confirmado, Panorama, Noticias, y Canal 9. Corresponsal de Interpress Service, El País de España y de varios medios internacionales; Diana Griselda Guerrero, detenida y desaparecida el 27.7.76, periodista, ensayista y socióloga. Trabajó en los diarios El Cronista Comercial y La Opinión y en la revista Discusión. Fue esposa de Conrado Ceretti; Héctor Gutiérrez Ruíz, secuestrado el 18.5.76.Trabajó en el diario Debate y Radio CX 36, de Montevideo, y en el diario El Cronista Comercial y la agencia Interpress Service. Fue asesinado el 21.5.76 en Buenos Aires junto a Zelmar Michelini, parlamentario y periodista uruguayo; Norberto Habbegger, detenido y desaparecido en agosto de 1978, escritor y periodista. Trabajó en la agencia Interpress Service, Automundo, Panorama, Primera Plana, Cuadernos de Marcha, Mensaje (Chile), Tierra Nueva y Vísperas (Uruguay). También fue subdirector del diario Noticias; Jorge Rodolfo Harriague, detenido y desaparecido en diciembre de 1977. Fue periodista y corresponsal en Río Cuarto del diario Clarín; Mario Ángel Hernández, detenido y desaparecido el 11.5.76. Fue periodista y abogado. Trabajó de co-director de la revista Militancia, del Peronismo de Base y director de El Descamisado. Escribió en la revistas Mundo Nacionalista y Aquí y Ahora de Córdoba; Mario Waldino Herrera, detenido y desaparecido el 19.4.76 y asesinado el 3-5-76. Fue periodista en la agencia de noticias Saporiti. Fue colaborador de la revista Panorama y redactor en la revista Argentina de Editorial Atlántida y en las revistas Confirmado y Análisis; Juan Carlos Higa, detenido y desaparecido el 17.5.77. Poeta y periodista japonés. Trabajaba en el diario Akoku Nippo y colaboraba en Plata hochi y en la revista literaria Amaru; Daniel Saul Hopen, detenido y desaparecido el 17.8.76. Era periodista y sociólogo. Escribió en El Descamisado; Silvia Hynes Ferrari, detenida y desaparecida el 6.12.76. Fue trabajadora de prensa en el diario Noticias; Ignacio Ikonicoff, detenido y desaparecido el 12.6.77. Físico y periodista. Trabajó en los diarios La Opinión, El Mundo y Noticias, y en las revistas Ciencia Nueva y Panorama, y en la agencia Interpress Service. Fue dirigente del Sindicato de Prensa de Resistencia, y esposo de María Bedoian; Santiago José Illa Nicoletti, detenido y desaparecido el 12.5.76. Fue periodista y trabajó en los diarios La Capital y La Voz del Sur, de San Rafael, Mendoza y en las revistas Patria Nueva y Hombre Nuevo, en Buenos Aires; Maurice Jeger, detenido-desaparecido el 8.7.75. Periodista francés, corrector y crítico literario de La Gaceta de Tucumán; Ricardo Gabriel Jiménez, detenido y desaparecido el 7-1-76. Fue periodista de El Actual de Escobar; Mabel Kitzler de Domínguez, detenida y desaparecida el 28.7.76. Esposa de Ricardo Domínguez, periodista del diario El Mundo; Alfredo Arturo Kölliker Frers, detenido y desaparecido el 14.12.76. Doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Economía, docente, y periodista. Trabajó en la revista La Plata Ruff, fue editor del Top News, y del semanario alemán Das Neueste; Carlos Ernesto Laham, asesinado el 13.10.74 por la Triple A. Su cuerpo apareció acribillado junto al reportero gráfico, Pedro Leopoldo Barraza; Manuel Liberoff Peisajovich, detenido y desaparecido el 19.5.76, argentino nacionalizado uruguayo. Fue médico y periodista, director del periódico uruguayo Noticias. Trabajó en Radio Vanguardia y en Canal 12 de Uruguay; Miguel Francisco Lizaso, detenido y desaparecido el 14.9.76. Periodista de la revista La Causa Peronista y director de El Descamisado; Susana Lugones, detenida y desaparecida el 21.12.77. Fue periodista, escritora y docente. Trabajó en La Opinión, Noticias, Leoplán, Panorama, Primera Plana, Siete Días, Crisis, y en Ciencia e Investigación, y en la agencia Prensa Latina, y en la Editorial Abril; Francisco Eduardo Marín, detenido y desaparecido el 14.5.77. Docente, físico, y trabajador de prensa. Trabajó en el diario La Nación, y fue delegado sindical en esa empresa, era esposo de María Cristina Solís; Elsa Delia Martínez de Ramírez, detenida y desaparecida el 31.5.78. Periodista y docente. Colaboradora en una revista de automovilismo de Buenos Aires; José Mario Martínez Suárez, detenido y desaparecido el 23.12.77. Asistente social y periodista uruguayo. Escribía en Marcha, El Sol y Época, de Uruguay; Heraldo Juan Marucco, detenido y desaparecido el 3.5.77. Trabajador de prensa en la Editorial Atlántida, y secretario adjunto de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba); Marta Mastrogiácomo, detenida y desaparecida el 20.10.76. Licenciada en Filosofía y Letras, docente, escritora y periodista. Trabajó en el diario Noticias y la revista El Descamisado; Winston César Mazzuchi Frantchez, detenido y desaparecido el 8.2.76. Fue periodista uruguayo y director de Prensa Libre; Susana Beatriz Medina de Bertholet, detenida y desaparecida el 1.10.76, periodista y docente de la Escuela de Periodismo de La Plata, esposa de Horacio Félix Bertholet; Nebio Ariel Melo Cuesta, detenido y desaparecido el 8.2.76, periodista uruguayo. Escribía en el semanario Marcha y en los periódicos Causa del Pueblo y Prensa Libre del PCR de Uruguay; Roman Mentaberry, periodista asesinado el 28.11.79 en las oficinas del periódico Informe, del Partido Comunista; Zelmar Michelini, secuestrado el 18.5.76, y asesinado el 21.5.76 en Buenos Aires junto a Héctor Gutiérrez Ruiz, parlamentario y periodista uruguayo. Trabajó en los diarios La Noche y La Mañana, de Montevideo y en los diarios La Opinión y Noticias, de Buenos Aires; Liliana Molteni, detenida y desaparecida el 21.6.76, sus restos fueron identificados el 13.10.05. Periodista y cofundadora del Centro de Estudios Pampeano. Fue colaboraba en el diario El Mundo; Luis Carlos Mónaco, detenido y desaparecido el 11.1.78. Periodista y camarógrafo de Canal 10 de la Universidad de Córdoba. Colaboraba en el diario Noticias, de Villa María; José Manuel Moreno, detenido y desaparecido el 3.2.77. Periodista en el diario La Razón; Toni Agatina Motta, detenida y desaparecida en noviembre de 1980. Fue periodista estadounidense y corresponsal del Dailly News de Roma; Jorge Daniel Roberto Moyano Vega, detenido y desaparecido el 12.5.76. Fue trabajador de prensa en el diario Los Andes de Mendoza; Héctor German Oesterheld, detenido y desaparecido el 21.4.77. Geólogo, escritor, periodista y guionista de historietas. Trabajó en el diario La Prensa, Editorial Abril, Códex, Columba y Frontera y en la revista Escorpio. Fue creador de El Eternauta y Sargento Kirk, entre otros; Rodolfo Ortega Peña, asesinado el 31.7.74 por la Triple A. Abogado, periodista, historiador y docente. Fue diputado nacional y fundador y director de la revista Militancia; Guillermo Leonardo Pages Larraya, detenido y desaparecido el 21.12.77, periodista; Carlos Alberto Pérez, detenido y desaparecido el 8.5.76. Periodista y director del suplemento cultural del diario Clarín y gerente de producción de Eudeba. Fue editor independiente para las editoriales Peuser y Centro Editor de América Latina (CEAL); Rafael Perrotta, detenido y desaparecido el 13.6.77. Abogado, periodista y director y propietario del diario El Cronista Comercial; Luis Julio Piriz Bonorino, detenido y desaparecido el 26.5.76. Médico y periodista. Trabajó en los diarios La Opinión y El Mundo; Horacio Norberto Poggio, detenido y desaparecido el 23.7.76. Trabajador de prensa, y miembro del sindicato de Prensa de Córdoba; Washington Domingo Queiro Uzal, detenido y desaparecido el 4.10.76. Periodista uruguayo. Trabajó en los diarios Hechos, La Mañana y El Día de Montevideo; Enrique Raab, detenido y desaparecido el 16.4.77. Periodista austríaco nacionalizado argentino. Trabajó en los diarios La Opinión, Clarín, El Mundo y El Cronista Comercial, y en las revistas Primera Plana, Panorama, Siete Días, Confirmado, Visión y Análisis; José Eduardo Ramos, detenido y desaparecido el 1.11.76. Poeta y periodista. Trabajó en los diarios Noticias de Tucumán y Canal 10 de la Universidad Nacional de Tucumán; Edgardo Sajón, detenido y desaparecido el 1.4.77. Fue periodista en los diarios Clarín y La Opinión, y las publicaciones Acción y BP Color, de Uruguay; Roberto Jorge Santoro, detenido y desaparecido el 1.6.77. Poeta, escritor, editor, docente y periodista. Director de la revista Barrilete. Premio Fondo Nacional de las Artes y colaborador en diversos diarios y revistas de la Argentina y del exterior; Francisco René Santucho, detenido y desaparecido el 1.4.75, era escritor y periodista. Fundador de la Revista Dimensión de Santiago del Estero; Juan Miguel Satragno, detenido y desaparecido el 26.2.78, periodista del diario La Nación; Víctor Hugo Seib, detenido y desaparecido el 30.7.76. Trabajador de prensa y docente de alemán. Trabajó en el diario La Nación; Elías Seman, detenido y desaparecido el 16.8.78. Era abogado, escritor y periodista; Santiago Servín, detenido y desaparecido el 7.9.76. Periodista y escritor paraguayo radicado en la Argentina. Fue director de los diarios El Lucero y La Voz de Solano, Quilmes; Roberto Juan Carmelo Sinigaglia, detenido y desaparecido el 11.5.76. Era periodista y abogado. Trabajó en la revista Nuevo Hombre y en el diario Noticias y los periódicos Militancia y El Descamisado; Juan Marcelo Soler Guinard, detenido y desaparecido el 29.4.77, periodista franco-argentino. Trabajó en la revista Confirmado y en el diario El Mundo; María Cristina Solís de Marín, detenida y desaparecida el 11.8.78. Docente y trabajadora de prensa. Trabajó en el diario La Nación y fue delegada sindical. Era esposa de Francisco Eduardo Marín; Luciano Damián Alfredo Soto, detenido y desaparecido el 13.11.76. Reportero gráfico; Horacio Rodolfo Speratti, detenido y desaparecido el 6.6.76. Era periodista deportivo. Trabajó en las revistas Velocidad, Corsa, Parabrisas, Adán y Dinamis y en los diarios La Prensa y La Nación; Eduardo Suárez, detenido y desaparecido el 14.8.76. Trabajó en Siete Días, La Opinión, La Calle, El Mundo y El Cronista Comercial, y en la agencia Interpress Service. Fue integrante de la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (Apba); Francisco Urondo, detenido y desaparecido el 17.6.76. Fue asesinado en Mendoza. Poeta, escritor y periodista. Escribió en las revistas Todo, Primera Plana, Confirmado y Panorama y en los diarios Noticias, La Opinión y Clarín; Miguel Hugo Vaca Narvaja (H). Sacado de la Unidad Penitenciaria 1, de Córdoba y asesinado el 12.8.76. Abogado y periodista. Integrante del servicio informativo de Radio Universidad de Córdoba; Patricia Villa, detenida y desaparecida el 14.8.76. Periodista en los diarios La Calle, La Opinión y El Mundo y en la agencia Interpress Service. Fue esposa de Eduardo Suárez; Enrique Juan Ricardo Walker, detenido y desaparecido el 17.7.76. Periodista y secretario de redacción de la revista Gente. Trabajó en las revistas Semana Gráfica, Extra y El Descamisado. Fue editor de Nuevo Hombre. Trabajó en Canal 11 y Radio Belgrano; María Victoria Walsh, muerta el 29.9.76. Periodista. Trabajó en el diario La Opinión, y en la revista Primera Plana; Rodolfo Jorge Walsh, detenido y desaparecido el 25.3.77, y posteriormente asesinado. Su cuerpo nunca fue recuperado. Era escritor, dramaturgo y periodista. Trabajó en el diario Noticias y las revistas Panorama y Primera Plana. Fue co-fundador de la Agencia Prensa Latina y fundador de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA); Tilo Wenner, detenido y desaparecido el 26.3.76. Periodista y escritor. Director de El Actual de Escobar y de las revistas literarias Serpentina, Ka-Ba, Pamela 1243, Mediodía y Arte y Crítica; y Miguel Ángel Zavala Rodríguez, asesinado el 23.12.76. Fue diputado nacional, abogado y director de El Auténtico.

Periodistas asesinados en democracia

Mario Bonino, asesinado el 11.11.93, trabajó en los diarios Popular, Sur y La Razón, coordinador de la secretaría de Prensa de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba); y José Luis Cabezas, asesinado el 25.1.97, reportero gráfico de la revista Noticias.

Juan Mario Galdeano

7 de junio de 2012


En la Argentina para conseguir buenos consejos de sexo oral, y por escrito, hay que leer en la red los 10 sex tips de Alessandra; la carta de algunas pizzerías ya no ofrece la típica comida italiana con tocino o panceta, sino con bacon; el vino no se compra en una vinería ni en una vinoteca, sino en un winery; el agua en el dispensador de la oficina – que sabe a pantano, y que no se sabe si es potable- tiene en el frente del distribuidor, un botellón de plástico, generalmente de color celeste, una leyenda que deja pasmado al más experimentado hispanohablante: Hot & Cold water dispenser; si de inglés entremezclado con el español hablamos, los organismos públicos no se quedan atrás: El gabinete de prensa del Ministerio de Desarrollo Territorial de la provincia del Neuquén da cuenta las tareas de promoción turística con un salpicado spanglish: ‘La participación en ferias y eventos, workshops, fam press, fam tours, […] y la impresión de material gráfico: 155.000 flyers, folletos, banners de promoción, brochures, afiches, y postales’; las esquelas de salutaciones de las direcciones de protocolo de numerosas instituciones públicas van casi siempre escritas con frases rimbombantes acompañadas del anglicismo cursi ‘congratulaciones’, como si el español no dispusiese de la palabra conocida por todos: ¡Felicitaciones!; en las estaciones de servicios, en las farmacias, en los consultorios médicos, en los bancos, en los supermercados, y en cualquier lugar donde se encuentre un empleado o asistente, el cliente escuchará: ‘Aguárdeme un momento…’ ‘aguardame un segundito…’, ‘aguarde por favor…’, en agravio al verbo más conocido por todos: esperar; y una madre –que no tiene muy claro los nombres ingleses que la mercadotecnia ha impreso a fuego en varios envases, tales como pack, pouch, box, bulk- le ordena a su pequeño hijo en el supermercado que le traiga un blister de aceitunas.

Cartel en la vía pública. (Voz inglesa 'Pack').

Cartel ‘pac’ en lugar de ‘pack’.

       Aplaudidores y aplaudidoras

Rodeada de una claque compuesta por funcionarios aplaudidores y funcionarias aplaudidoras, la presidente de la Argentina Cristina Kirchner inicia todos sus discursos y todas sus alocuciones con el zonzo doblete      –que algunos denominan de lenguaje no sexista-: ¡Buenos días a todos y todas…!; y en el mundo de la comunicación los receptores suponen que los periodistas hablan un castellano más pulcro, más estándar, más libre de ruidos semánticos u otras partículas extrañas a la lengua española: En Radio Continental, un periodista le pregunta a un funcionario: ¿El tema de los containers termina con esta idea de discriminar todo tipo de basura…? Respuesta: ‘Al revés, los contenedores son una de las partes […]’.

Quiosco versus drugstore

Para dar cuenta que el español es un idioma que está lleno de vida, que cambia constantemente, un vistazo a cualquier fumador con 35 años metiéndose hollín en la carne, puede mostrarnos los distintos nombres que en casi cuatro décadas han tenido los establecimientos dedicados a la venta de tabaco: quiosco, kiosko, maxikiosco, polirrubro, multirrubro y el actual y moderno vocablo, que te indica que el cigarrillo es una droga: drugstore; el presentador de una bebida espirituosa dice en una propaganda televisiva que el licor tiene un mix de hierbas en lugar de una mezcla de yerbas; los carnés de conductor de la ciudad de Buenos Aires tienen scoring, no puntaje; el suavizante para que la ropa no quede como una carpa de circo viene en un envase llamado pouch; los preservativos, de 3 , 6 ó 12 unidades y las toallas femeninas no están envasadas en un ‘paquete’ sino en pack; los discos compactos vienen envueltos en unos paquetes llamados bulk; algunos periodistas deportivos –que deberían hacer cursos de ultraperiodismo y ultragramática, no dejan de repetir una y otra vez la palabra inglesa sponsor, cuando de vez en cuando podrían darle una oportunidad de ver la luz a las españolas patrocinar, patrocinador, patrocinado; y algunos periodistas radiales y televisivos tienen ‘data’ no información.

Porteños seseosos

El último vocablo de moda de los porteños seseosos de la ciudad de Buenos Aires es vintage; en la clínica CMIC una de sus puertas lleva el cartel híbrido, contaminado y muy vanidoso de: Office de Enfermería; el diario Perfil, el diario argentino que tuvo un libro de estilo antes de salir a la calle, insiste con sus repetidas voces inglesas, esos anglicismos innecesarios, esos términos que suelen confundir a la mayoría de los lectores: ‘El 85 por ciento de los porteños no sabe bien qué es el sistema de scoring’; y la sindicalista Agustina Ionno– durante una entrevista radial- le advierte a su interlocutora que los empleados del subterráneo no cargan las tarjetas a los usuarios porque dicha tarea les provoca tendinitis y le aclara que esa interrupción del servicio no es ‘una medida de fuerza’, tal lo informó la periodista, sino que es ‘una tarea a reglamento’.

Cartel 'pizzeria' en lugar de 'pizzería'.

Cartel ‘pizzeria’ en lugar de ‘pizzería’.

       Locutor y vendedor de publicidad

El autodenominado locutor y vendedor de publicidad, Alejandro Polizzo, quien en su elocución radial abusa de los latiguillos antirradiofónicos tales como: ‘ajá…’, ‘a ver…’, ‘bolu…’, ‘demás…’, ‘digamos…’, ‘mierda…’, ‘ o sea…’, ‘una bocha…’, ‘viste…’, también demuestra tener cierta habilidad para el empleo de anglicismos innecesarios en la prensa. Durante una conversación radial, la cual inicia con la voz inglesa full, le pregunta a su interlocutor que se halla en la localidad de Villa La Angostura: ¿los precios cómo están… están más o menos… se mantienen los precios del año pasado… digamos… para el turista… está medianamente acomodado, o hubo… así como… se pusieron medio power… en, en, en, este verano…?; el periódico 8300, con esos dobletes venidos en moda, demagógicos, poco prácticos y antiperiodísticos de, los y las, alumnas y alumnos, directores y directoras, expresa en una de sus crónicas: ‘Los y las docentes neuquinas no tienen estabilidad laboral, uno de los derechos más básicos de cualquier trabajador/ra’; para el diario digital español El Periódico.Com es –en su edición del 1 de mayo- la ‘Conmemoración del Día del Trabajador’, mientras que la misma fecha para el diario El País, de España, es ‘Día del Trabajo’; en un sitio web la Televisión Española Internacional (TVE) informa en una publicidad institucional: ‘No dudes en hacerte fan y acceder a mucha más información de la programación […]’, en lugar de las castellanas: admirador, seguidor, aficionado, hincha, entusiasta, tal como lo recomienda la Fundación del Español Urgente (Fundéu); el consultor de energía Emilio Apud tampoco puede hablar sin extranjerismos: ‘[…] El valor de los combustibles está relativamente más aggiornado que el gas y la electricidad  […] el problema es el abastecimiento, porque ya las refinerías están a full’, le explica con un italianismo y un anglicismo a Radio Mitre; los escritores y autores del libro titulado Identid@des. Poemas y relatos breves, no parecen haberse dado cuenta que la primera letra del alfabeto español no se puede reemplazar por la arroba, porque ese garabato con una colita que cobija una a es un símbolo, no un signo. Y lo peor: la Legislatura del Neuquén distribuirá el libro de marras en las escuelas. ¿Es pedagógico que los alumnos crean, al ver la tapa del libro, que la letra a puede sustituirse por el símbolo de la arroba?; y en una red social dedicada al chat una chica le envía un dulce mensajito al chico que acaba de conocer en la web: ‘hola cmo estas’? FELIZ SEMANA DE LA DULSURA¡¡¡’.

Empobrecimiento

Algunas de las expresiones de esta crónica, extraídas de distintos ámbitos públicos y privados, son un botón de muestra del empobrecimiento del habla de los argentinos. Los motivos: desconocimiento de la lengua, desinterés por el idioma, ignorancia, esnobismo, moda, imitación, y pereza. Este reproche no va dirigido a los hispanohablantes, sino a los organismos públicos, los funcionarios del gobierno, y principalmente a los medios de comunicación, a los periodistas y comunicadores que tienen la responsabilidad de proteger, custodiar, educar, defender y divulgar el buen uso del español.

Cuando hablamos del buen uso del español en los medios de comunicación no nos referimos a la simplificación del idioma, en detrimento de la diversidad de la lengua. Sino de no contaminarlo con voces extranjeras innecesarias en desmedro de las palabras españolas que son conocidas por la mayoría de los receptores y que evitan el ruido semántico en la comunicación.

El raquitismo del lenguaje empleado por la mayoría de los hispanohablantes, y el escaso compromiso de algunos medios de comunicación para defender el español, tienen una correlación: las empresas periodísticas toman los vocablos que utiliza la sociedad y los consumidores de los medios imitan los vocablos que la prensa emplea.

Banalización del periodismo.

Internet y la frenética producción de nuevas herramientas de comunicación con tecnología digital revuelve a cada instante el caldero de la lengua española. Las nuevas formas de comunicación on line, el aumento del entretenimiento en los medios de comunicación, el incremento de lo banal y grosero en los medios audiovisuales, la reducción de periodistas en las redacciones, la demanda de mayor velocidad, periodistas con mucha oficina y poca calle, comunicadores jóvenes que creen que se puede hacer periodismo solamente con el ingreso a Internet, la participación en redes sociales como Facebook, o Twitter, y el envío de correos electrónicos, la ausencia de correctores de estilo de carne y hueso, la mala y cómoda costumbre de copiar y pegar informaciones provenientes de organismos públicos, -que suministran propaganda vestida de información-, han forjado un periodismo que desprecia la principal herramienta que emplea para comunicarse: la lengua. 

El inglés goza del estatus de lengua franca y es la que más influencia tiene en el español. Es por ello que en la lengua española hay voces extranjeras necesarias e innecesarias. Pero… ¿por qué los periodistas y comunicadores emplean todo tipo de extranjerismos innecesarios, si el idioma castellano dispone de vocablos para su reemplazo? ¿Si los periodistas aprenden en las facultades de comunicación que el formato periodístico de noticia demanda un lenguaje claro y simple para que no se produzcan ruidos semánticos en la comunicación, por qué emplean anglicismos, galicismos, italianismos y germanismos, que provocan dificultades de lecturabilidad y comprensibilidad en el receptor?

Responsabilidad de los periodistas 

Errores cometemos todos, pero no hablamos aquí de errores, sino de la equivocación lingüística proveniente de la pobreza léxica, del desconocimiento de la técnica periodística, y de la política editorial de los medios respecto de cómo utilizar el idioma para comunicar. Propender la defensa de una lengua no es rechazar todos los vocablos extranjeros, marginarlos, o no emplearlos. Propender la defensa del español significa estudiar gramática, ortografía, vocabulario, utilizar aquellos términos que lo enriquecen y que no entorpecen la comunicación, y sobre todo dar a conocer el buen talante del castellano.

No podemos esperar que el buen español o la riqueza léxica sobrevida y se reproduzca solamente en algunos claustros o en los pasillos y libros de gramática de la Real Academia Española. La misión y función de los medios de comunicación pueden ayudar en esta tarea, porque no sólo tienen el papel de informar, comunicar, emitir opinión, y ofrecer entretenimiento, sino la de brindar educación.

Juan Mario Galdeano


En el arte de comunicar, algunos hablantes del español emplean palabras extranjeras innecesarias para construir los escritos o la oratoria, sin importarles si los receptores pueden o no entender esos términos o mensajes. La fuente de este despropósito puede hallarse en la moda, la pedantería, la soberbia, las ínfulas, el esnobismo, la mercadotecnia, el desinterés por el castellano, el desconocimiento de la lengua, la falta de lectura, y los irrefrenables deseos de aparentar, mandarse la parte, o sobresalir a expensas del que se encuentra en el extremo del proceso de la comunicación: El otro.

   Una joven entra a una tienda de ropas de moda y le pide a la vendedora si puede ver una prenda; luego se produce el siguiente diálogo:

Vendedora: ¿Tu talle es small?

La chica: No… no te entiendo.

Vendedora: Si tu talle es small

La chica: No entiendo… no te entiendo porque me hablás en inglés.

Vendedora: Pero… entonces… ¿Cuál es tu talle?

La chica: Mi talle es ‘S’.

    La presunta compradora sabe que su talle es ‘S’, pero desconoce que esa letra en el comercio textil es la abreviatura del término inglés small. Esta zancadilla lingüística, que recibió la receptora, ocurrió porque la vendedora no utilizó una palabra castellana, una palabra más simple, más lugareña. Esas palabras locales que la mayoría de los hablantes conocen y que siempre son mejores amigas para la comunicación que una forastera, una desconocida, o una extranjera innecesaria, mal pronunciada por quienes desean darle prestigio y pasaporte nacional.

Diario Río Negro.

Diario Río Negro. Por una ley de talles para la ropa. 30.5.2008.

Pero los usuarios no los únicos que hablan con anglicismos, galicismos, italianismos y otros términos foráneos, ajenos a nuestro caldero español. A los funcionarios también les fascina hablar difícil y expresarse con extranjerismos y partículas del ámbito de la mercadotecnia. Así, por ejemplo, el subsecretario de Emergencias, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Néstor Nicolás, explicó durante una entrevista en Radio Continental, las tareas de reparación que el departamento a su cargo realizó en las calles, luego de los destrozos que dejó una tormenta de granizo en ese conglomerado urbano: ‘En el transcurso del día todos los temas mayores van a ser resueltos. Nosotros hacemos una clasificación, un triage, digamos, de los incidentes y aquellos, los que provocan mayor tipo de inconvenientes, o trastornos, son los primeros en ser resueltos […]’.

Como habrá notado, triage, no es un galicismo necesario, reconocido y dominado por la mayoría de los hispanohablantes de la Argentina. Su empleo fue redundante, superfluo, y se convirtió en un estorbo en la comunicación. No sabemos a ciencia cierta por qué el funcionario agregó en ese contexto una palabra francesa e innecesaria, extraña para el receptor, y no integrada a la lengua de los argentinos. Quizá, la añadió por ínfulas o como un tecnicismo, con deseos de mostrarse como un experto en reparar los daños ocasionados por el vendaval o para que los vecinos permanezcan tranquilos ante estas contiendas de la naturaleza, ya que él ha hecho ‘un triage de los incidentes’.

Con respeto pero a la chacota

    La publicidad, es otro de los ámbitos repletos de extranjerismos, neologismos y malformaciones lingüísticas empleadas con el fin de llamar la atención, persuadir, y darle un aspecto nuevo al producto o servicio que se promociona. Los argentinos son muy propensos y profesionales para las imitaciones, y los periodistas y locutores no escapan a las modas, las pedanterías e ínfulas, las cuales toman inmediatamente, y sin tapujos.

En la Radio Mitre de la ciudad de Buenos Aires, la conductora del programa Con todo respeto, Mariel di Lenarda, –que podría ser menos verborrágica mientras hablan sus compañeros- anuncia con histrionismo una publicidad: ¡Chicos tengo regalitos… voucher, voucher, y voucher… le mando un beso a mi amiga… ya que estamos hablando de voucher. Siempre la cargamos que es la chica voucher. […]. Tengo kit de productos […] una fiesta de color para tu casa. Así que tengo el kit para que te lo lleves directamente acá… eh… sin voucher !

Con su vocabulario poco radiofónico, – y atosigado de voucher- la animadora desea demostrarles a sus oyentes su conocimiento y dominio del inglés, al tiempo que muestra la hilacha respecto de la escasa empatía que cultiva como una persona que se expresa en un medio tan oral y fugaz como la radiodifusión. ¿La mayoría de los oyentes saben qué es un voucher, un kit? ¿Existe la necesidad de emplear vocablos extranjeros si nuestro idioma dispone de numerosos equivalentes claros y sencillos, y que la mayoría de los hablantes conocen? Cuando repite voucher atasca la regla básica de adecuación que demanda nuestro español  argentino y pone al descubierto su limitada competencia comunicativa.

Se supone que los medios de comunicación, además de informar, comunicar, entretener, y emitir opinión, conllevan ‘educación’. La conducta de la conductora Mariel Di Lenarda –y de todos aquellos periodistas y comunicadores que abusan de los extranjerismos innecesarios- es reprochable. Y motivo de corrección, porque quien desempeña labores en una radio debe saber que su público es altamente heterogéneo, con personas de distintas edades e instrucciones educativas; que se dirige principalmente a un usuario del español estándar; que su receptor es un oyente, no un lector; que los medios funcionan como custodios del idioma; que los locutores o periodistas deben expresarse bien porque sus formas de hablar y contenidos influyen en la comunidad; y porque la radiofonía es sinónimo de empatía.

Los insertos de la administración

    Otro de los lugares donde habita la despreocupación por El otro, es la administración pública. Allí, la burocracia, el desinterés, la pereza, y el desconocimiento de un lenguaje administrativo simple y llano, conspira con la comunicación de los miembros de la organización, y principalmente con sus receptores más valiosos: los contribuyentes, vecinos y ciudadanos.

En las oficinas no solamente reina la costumbre de escribir y cumplir, sin importarles si esos mensajes podrán ser decodificados por sus destinatarios, sino la manía de utilizar anglicismos, galicismos, italianismos, germanismos, frases latinas, latinismos, circunloquios, tecnicismos, y neologismos, que entorpecen la información y la comunicación.

Pese a que los documentos oficiales de una institución pública deben ser legibles a todos los ciudadanos, la mayoría de las veces los papeles públicos están redactados con un léxico intrincado y rebuscado, que demanda un esfuerzo adicional para descifrar el mensaje que la institución quiere transmitir.

Los ejemplos son infinitos, pero veamos un botón de muestra. Una exposición de fotografías de Alemania, patrocinada por el Instituto Goethe, se informa a través del boletín oficial de la Municipalidad de Neuquén: ‘El Instituto Goethe de Buenos Aires pondrá a disposición del Museo […] un número de 15 catálogos en alemán para (la) prensa y publicidad del MNBA de Neuquén y 5 catálogos en alemán adicionales para relaciones publicas y archivo […] Los catálogos de 144 páginas contienen todas las obras de la muestra y serán acompañados de un insert en castellano’.

Las instituciones públicas deben saber que sus destinatarios no constituyen un público selecto, que la comunidad está compuesta por receptores muy heterogéneos. Toda organización del Estado debería tener una premisa en su comunicación institucional: el receptor es el eslabón más importante en el proceso de la comunicación.

Cuando el vecino, el contribuyente o el ciudadano necesitan de un traductor para poder traducir el mensaje del gobierno, se detecta inmediatamente el cinismo, el desinterés, la despreocupación y el desprecio que la institución tiene por el receptor, por el lector, por El otro. El Estado, ya sea municipal, provincial o nacional, debe preservar y defender la lengua nacional, que es la lengua oficial, la herramienta que utiliza para informar y comunicar los actos de gobierno.

Si bien el contexto ayuda a comprender el mensaje, algunas veces no es suficiente porque el vocablo –además de llamar la atención- puede producir ambigüedad en algunos lectores. Hay que tener en cuenta que las palabras adquieren distintos significados según el contexto en que se empleen. ¿Cuál era la necesidad de insertar un término en inglés, cuando el español posee muchas palabras similares, más simples y conocidas por la mayoría de los hablantes?

Scoring: Copiar y pegar

    No sólo los usuarios del idioma, los funcionarios, los publicistas y los empleados de la administración pública, abusan de los extranjerismos innecesarios. Los periodistas no están exentos del uso de partículas extrañas que dificultan la interpretación de los mensajes. Para ver una prueba de esta mala costumbre observaremos el tratamiento periodístico que hicieron los diez diarios más importantes de la ciudad de Buenos Aires, sobre una noticia concerniente a la puesta en marcha del ‘Sistema de puntos aplicable a la licencia nacional de conducir’. Se trata de la publicación del Decreto 437 de 2011 en el Boletín Oficial de la Nación, que dispone un ‘sistema por el cual se quita puntos a los conductores que cometan infracciones de tránsito’.

Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

A raíz de esta información, los citados diarios porteños informaron a sus lectores a través de titulares y cuerpos de noticias redactados con el vocablo inglés scoring. Algunos lo escribieron en redonda, como las palabras españolas; y otros medios lo hicieron en cursiva o entre comillas para diferenciarlo del castellano.

Las volantas y títulos de las ediciones digitales y en soporte de papel fueron los siguientes: Diario Clarín: ‘Reglamentaron el sistema scoring en el registro de conducir para todo el país’; diario La Nación: ‘Se extenderá a todo el país el sistema de scoring en el registro de conductor’; diario La Prensa: ‘En 60 días aplicarán el scoring en todo el país’; diario Tiempo Argentino: ‘En 60 días regirá el sistema de scoring en las licencias de casi todo el país’; diario Página 12: ‘Sociedad. El scoring nacional empezará a regir en dos meses. Descuentos de puntos en todo el país’; Diario Popular: ‘El scoring se extiende a todo el país’; diario El Argentino: ‘Extienden el sistema scoring. Regirá en todo el país la quita de puntos en el registro de conducir’; diario Ámbito Financiero: ‘Se extiende scoring para todo el país’; diario Buenos Aires Herald: ‘National Gov’t fosters BA City ‘scoring system’; y diario La Razón: ‘Ahora el sistema de scoring comenzará a regir en todo el país’.

¿Si el decreto en cuestión no contiene en toda su extensión las palabras inglesas score o scoring, por qué los nueve diarios que se editan en español emplearon este anglicismo innecesario, si el castellano dispone de equivalentes más claros para su reemplazo?

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Consideramos que el medio de comunicación empleó la palabra inglesa innecesaria, por los siguientes motivos: Porque prefirió imitar y estar en consonancia con otros medios; porque prefirió los vocablos que están de moda en la oralidad de los hablantes; porque prefirió la pereza antes que buscar un sinónimo en español; porque carece de correctores de estilo de carne y hueso; porque no posee un libro de estilo sobre la escritura; porque optó por copiar y pegar lo que le envió un gabinete de prensa de un organismo público o una agencia de noticias estatal; o porque consideró que no es relevante construir una redacción clara y simple como lo demanda el formato periodístico de noticia.

¿Es correcto que un medio de comunicación transcriba la palabra extranjera que le envía un departamento del Estado a través de su boletín de prensa o de un correo electrónico? ¿Dónde está la línea editorial o la política sobre la escritura del medio de comunicación? ¿Además, la mayoría de los lectores saben que es scoring?

Esto puede parecer de Perogrullo, pero en los medios de comunicación el empleo de un vocablo y no otro es una decisión política. La premisa parece grandilocuente, pero no lo es, porque el medio no sólo debe expresarse en español, sino que tiene la responsabilidad de hacerlo en forma correcta y con buen gusto con el fin que la mayoría de los receptores puedan entender los mensajes. Con esto no se trata de estar en contra de la diversidad de la lengua o promocionar el purismo en el lenguaje periodístico, sino en desterrar la manía de emplear voces foráneas innecesarias y darle legibilidad y lecturabilidad a las comunicaciones.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Una editorial debe conocer que los lectores no desayunan ni circulan con un diccionario inglés-español debajo del brazo para desbrozar esas partículas extrañas, que dificultan la lectura e impide al receptor la posibilidad de informarse, construir una comunicación y acceder al conocimiento. Los periodistas deben escribir y hablar responsablemente. No deben, ya sea por moda, esnobismo, o por la simple pereza de copiar y pegar, someter a los lectores a un esfuerzo cognoscitivo indebido e innecesario. Los medios deben entender que con el idioma no solamente se trasmite información y comunicación, sino también, saber. Por tanto deben esmerarse para ofrecer una comunicación exenta de ‘ruido semántico’, no incomunicación.

El otro

    El empleo de palabras extranjeras en los mensajes puede convertirse en una trampa lingüística para el receptor. Estos tropiezos pueden ocurrir por varias razones: Porque algunos periodistas no emplean el mismo código que utiliza la audiencia; porque algunas veces en los actos de informar y comunicar, prevalece el entretenimiento o la moda; porque ciertos periodistas creen taxativamente que cuando ejercen el papel de emisor al final de la línea del proceso de la comunicación se halla un receptor, como si se tratara de un acto unilateral, lineal, y estático, sin considerar que los actores de esta estructura no son entes separados, porque el proceso es algo dinámico que debe permitir que el receptor se convierta en emisor y viceversa; y porque ‘la despreocupación por el otro’, pueda ser el resultado de varios motivos: La falta de compromiso, el desinterés por los propósitos de la comunicación, el deseo constante de diferenciarse del otro, el desgano de construir la empatía, el incremento de la individualidad, y el desconocimiento que con El otro se construye la comunicación. Una despreocupación por El otro, que en algunas ocasiones pasa inadvertida ante la abrumadora tecnología digital, los sofisticados sistemas de comunicación, la excitación de la hiperconectividad, el entretenimiento de las redes sociales en Internet, y la cotidiana embestida de la sobreinformación.

El hecho puede parecer zonzo, pero cuando el emisor desestima al receptor, El otro deja de tener importancia y con ello se desvanece y se espanta la conversación, la respuesta, la interacción y la realimentación. Estas conductas desestimadas son imprescindibles para evitar, el traspié en la decodificación, el desprecio por el receptor, el deterioro de la comunicación, el empobrecimiento del lenguaje, el debilitamiento de nuestro pensamiento y de las relaciones sociales y culturales, pilares fundamentales para mejorar nuestra convivencia e idiosincrasia.

Los diarios La Prensa y La Nación protagonizaron el periodismo fundacional en la Argentina inspirados en la corriente iluminista europea, pero luego abandonaron ese camino, y apoyaron desde 1930 hasta 1976 los golpes militares y el terrorismo de Estado. Tal cambio, y horror, es el núcleo del libro La prensa y la patria: fracturas de la razón iluminista en la Argentina, una investigación escrita por el periodista Juan Carlos Chaneton. La obra, no sólo revela la línea editorial de ambos matutinos durante ese período, y los daños que esas ideas y opiniones ocasionaron al país, sino que replantea la relación que existe entre la ética y el periodismo.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

En momentos en que la ciudadanía argentina debate por primera vez los contenidos y las conductas de los oligopolios informativos, los intereses económicos e ideológicos de las empresas periodísticas, el comportamiento de los periodistas, la distribución de la publicidad oficial, la comunicación institucional del gobierno, la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, los deberes que los medios de comunicación poseen con la sociedad y el Estado, Chaneton nos muestra las malas artes que se fraguaron en las noches más oscuras del periodismo en la Argentina, desde 1930 hasta 1976. Un tiempo, donde los diarios La Prensa y La Nación, los más influyentes del país, apuntalaban las dictaduras militares, indicaban quiénes debían gobernar, quiénes eran los enemigos, cuál era el modelo económico que debía fortalecerse, y sobre todo, qué debía hacerse por la república. Una información construida para una masa de receptores imposibilitados de analizar el mensaje subliminal y cuestionar lo que imponía la clase dominante.

El autor trae a la memoria, las primeras imprentas de los jesuitas, los primeros pasos del periodismo en el Río de La Plata, las primeras gacetas en la imprenta de los Niños Expósitos, las voces que se alzaron contra el monopolio español, el auge que tomó el periodismo luego de la etapa independentista, (en la época de Juan Manuel de Rosas, llegaron a editarse en Buenos Aires 43 periódicos), la generación del ochenta y los presidentes-periodistas, tales como Mitre, Sarmiento, y Avellaneda, que escribían en distintos periódicos sus tareas de gobierno e ideologías, y las familias que cimentaron el periodismo fundacional en la Argentina.

Familias patricias

El protagonismo más importante del periodismo en la Argentina, nos describe Chaneton, lo representarían dos familias patricias: Los Paz y los Mitre, que atraídos por la corriente iluminista europea del siglo XVIII, fundaron, en 1869 y 1870, los dos diarios más influyentes en la historia de la república: La Prensa y La Nación.

En sus comienzos, La Nación, será genuinamente liberal, explica Chaneton, pero desde 1930 hasta 1976 abandonaría las ideas iluministas del fundador, Bartolomé Mitre, y apoyaría los golpes militares y el terrorismo de Estado.

Sobre estos dos comportamientos tan distintos en la vida del diario, Chaneton nos aclara que los primeros años de la publicación porteña estuvieron en consonancia con los valores del Iluminismo, y ejemplifica: Cuando ocurrió la fuga de presos en Neuquén, (y posterior asesinato del director del diario Neuquén, Abel Chaneton,) un suceso conocido como Zainuco, entre 1916 y 1917, La Nación abordará el caso con ética, justicia y verdad.

La Nación y la matanza de presos

Chaneton recuerda -en su libro La prensa y la patria- aquel masivo escape de reclusos de la cárcel del Neuquén, y la captura y el fusilamiento de algunos de los presos en el paraje Zainuco, a unos 250 kilómetros de la capital neuquina. El 29 de mayo de 1916, por la noche, diecisiete fugados se refugian en ‘El rancho de Fix’, ubicado en el valle de Zainuco. Una patrulla policial que los persigue los encuentra el 30 a la madrugada. Luego de un tiroteo, ocho son tomados prisioneros, uno muere en combate y los ocho restantes son fusilados por un grupo de policías.

'El rancho de Fix', en el paraje Zainuco. (1918). Fotografía de Norman Portanko

'El rancho de Fix', en el paraje Zainuco. (1918). Fotografía de Norman Portanko.

‘La represión estatal masacró allí a hijos de la tierra, mulatos, rotosos, chilenos, pobres, delincuentes comunes que purgaban penas […] aun cuando alguno de ellos ya había cumplido su condena y todavía seguía preso’, añade el autor. El diario Neuquén, que había sido fundado en 1908 por Abel Chaneton, investigó, denunció y clamó justicia a través de sus páginas.  

‘Un sicario del gobernador Elordi acabó con su vida y este periodista devino, así, mártir del periodismo libre y precursor en la lucha por la vigencia de los derechos humanos. El crimen trascendió el país y el diario La Nación escribió: ‘Fáltanos aún la información necesaria para puntualizar los detalles del suceso sangriento del que fue víctima Don Abel Chaneton, director del diario Neuquén y nuestro corresponsal en aquel territorio’.

Y agregaba el diario de Buenos Aires: ‘[…] no puede callarse la circunstancia de que el director del Neuquén ha muerto en momentos en que anunciaba su viaje a Buenos Aires para ratificarse en sus acusaciones y pedir una investigación’.

‘No ponderó el diario porteño más consideraciones que la ética, la justicia y la verdad. El periodismo argentino – y este es un dato de identidad nacional del cual debemos hacernos cargo- fue celoso defensor y docente de estos principios hasta el Centenario, más o menos’, advierte el autor del libro.

Apoyo a los golpes de Estado

El primer golpe de Estado en la Argentina se produce en 1930, con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. Era el comienzo del oscurantismo y la justificación de los golpes por parte de los diarios de la época. En ese tiempo ‘La Nación había ya dejado de ser una tribuna de doctrina republicana para convertirse en calificado vocero del sentido común de un sector de la sociedad’. Muchos diarios apoyaron los derrocamientos y callaron los crímenes que las Fuerzas Armadas cometieron desde 1930 hasta 1976. En esto, Chaneton se detiene y aclara: ‘El consenso al golpe de (José Félix) Uriburu y, luego de él, a todos cuantos han existido hasta hoy en el país de los argentinos, fue generalizado. Ello no fue obra de la prédica de los medios solamente, pues otras vertientes ideológicas jugaron su papel en esto’.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Modelo agroexportador

Las riquezas en la vastedad del suelo argentino, la economía y el mercado, fueron asuntos privilegiados de los diarios La Prensa y La Nación, quienes promovieron desde el principio, y desde un discurso liberal, el modelo económico agroexportador como el único posible. Desde estos medios se mostró al país como ‘el granero del mundo’, en detrimento de la diversificación y la industrialización. ‘Lo curioso -dice Chaneton- es que los creadores de este discurso que ganaba las páginas del diario La Nación no advirtieran que las propias naciones que ellos tomaban como modelo no actuaban, ya desde los comienzos, con ese criterio agrarista a ultranza. El propio Federico Pinedo da cuenta de que EE.UU. no exportaba su maíz en forma de granos, sino que lo convertían en carne y grasa. Era 1910, la época en que EE.UU. iniciaba la agroindustria con la vista puesta en que es siempre mejor exportar productos con algún grado de elaboración que sin elaboración alguna, que era lo que hacíamos nosotros’.

Clausura de medios y muertos civiles

Mientras los golpes de Estado se sucedían en la Argentina uno tras otro, el presidente de facto, Edelmiro Farrell clausura en 1944 el periódico socialista La Vanguardia, fundado por Juan B. Justo en 1894. Eran tiempos no aptos para la libertad de expresión, eran tiempos de mordaza.

La aparición en la escena política de Juan Domingo Perón, también provocará enemigos. El autor de La prensa y la patria cuenta que con la llegada del ‘movimiento nacional justicialista’ los diarios La Prensa y La Nación se convierten en antiperonistas.

En su primera presidencia, Juan Domingo Perón siente la presión de la oposición, y en 1947 dice: ‘Hay algunos diarios que sistemáticamente combaten todas nuestras medidas. Son los que dicen que los teléfonos andan mal porque ahora son argentinos y que antes andaban bien porque los manejaban los extranjeros’. Sus palabras fueron un presagio de lo que ocurriría después: el gobierno peronista clausuró más de 70 periódicos en todo el país y en abril de 1951 expropió el diario La Prensa.

El país se hallaba en vísperas de la revolución libertadora, que no fue ni revolución, ni libertadora, sino un bombardeo a la casa Rosada, que dejó 355 muertos y cientos de civiles heridos. Sobre este nefasto día Chaneton rescata el título del editorial del diario La Nación: ‘Una hora de dolor para la Argentina’ se pronunció respecto de los bombardeos del 16 de junio de 1955.

Se decretó la Ley Marcial en todo el país y el diario La Nación escribió: ‘Nadie deplora tanto como el gobierno de la Revolución Libertadora el que hayan debido adoptarse medidas extremas para resguardar el orden y la tranquilidad del pueblo. Podemos asegurarlo por haber estado en contacto estrecho, con las altas autoridades durante el desarrollo de los desgraciados sucesos de anteayer y ayer’.

‘Con este texto La Nación se erigía en órgano oficioso de la revolución libertadora. […] Sin recato el diario se ponía la camiseta de los golpistas, lo cual es grave no tanto porque toma partido sino porque presume de objetividad, es decir, engaña a la opinión pública’, agrega Chaneton.

Los derrocamientos presidenciales no cesaron. La revista Primera Plana y los diarios La Nación y La Prensa, trabajarán de nuevo a favor del golpe de Estado de 1966, cuando se destituyó a Arturo Illia.

Lo actuado por la revista Primera Plana, y los diarios La Nación y La Prensa, en el derrocamiento del gobierno constitucional elegido en 1963, ‘constituyó una actividad de adoctrinamiento de la población en el marco de una operación de prensa que asociaba democracia con ‘ineficacia’ […]’.

La Nación apoyó el golpe. Y no cualquier golpe. Apoyó el golpe que destruía nuestra Universidad […]’, reconstruye Chaneton. Y menciona: ‘El viernes 29 de julio se violaba, a pura represión, la autonomía universitaria. Era la noche de los bastones largos. Era el inicio del colapso para la inteligencia argentina, orgullo del país, hasta ese momento, en toda América latina. Era la barbarie abatiéndose sobre el pensamiento con el que habían soñado Sarmiento y otros, que sabían que la educación, la ciencia y la tecnología hacen grandes a los países. Sólo los militares argentinos lo ignoraban’.

‘Sin embargo La Nación no toma nota del crimen contra el saber. El día anterior disimulaba la gravedad de lo que estaba ocurriendo en el país. Decía: ‘Cambióse el régimen de las universidades’. De los golpes, de la sangre, de los estudiantes y profesores golpeados y encarcelados, nada’. Para el diario de los Mitre, sólo las fuerzas armadas eran seguras y fiables. Por ello, convocó al golpe contra Yrigoyen, contra Perón, contra Frondizi, contra Illia.

El diario La Prensa

El diario fundado por la familia Paz también abandonará las ideas iluministas para apoyar los golpes de Estado. El 24 de marzo de 1976 La Prensa titula y se convierte en vocero del terrorismo de Estado: ‘El país se encuentra bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas’.

Diario La Prensa, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Prensa, Buenos Aires, Argentina.

Así, el matutino fundado por José Clemente Paz en 1869, defendió la ‘doctrina de la seguridad nacional’, la agricultura en desmedro de la industrialización, el Plan Cóndor, y combatió la campaña que desde Europa hacían los medios de comunicación, dando a conocer el secuestro, la tortura y la desaparición de personas que hacía el régimen militar en la Argentina.

Con minúsculas para el enemigo

Ante el cuestionamiento y la aseveración de que casi todos los medios apoyaron en aquellos años el terrorismo de Estado, incluidos los diarios La Nación y La Prensa, Chaneton asiente, y advierte: ‘Sí, es cierto. Pero los otros no venían de fundar la patria ni decían inspirarse en la razón iluminista’.

Con el golpe militar de 1976, llegaron los secuestros, las torturas y desapariciones de políticos y estudiantes. Con las Madres de Plaza de Mayo atentas y en acción, arriba en 1979 a Buenos Aires la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA). El objetivo:  interiorizarse de las violaciones del régimen castrense.

La Nación, que orientaba intelectualmente a la dictadura, prepara a la opinión pública sobre la llegada de la Comisión. ‘Es criticada la visita de la comisión de la OEA’. El diario, no escribió la palabra comisión en bastardilla, la escribió en tipografía clásica y en minúsculas’, esclarece Chaneton.

Tales actitudes bien podría hoy mencionarse a los estudiantes de comunicación social como el paradigma de lo que nunca debe hacerse en la profesión de informar.

El diario que sí hacia periodismo en 1979 era el Buenos Aires Herald. El 16 de septiembre denunció que, aun con la CIDH en el país, la dictadura de Videla era capaz de ejercitar la provocación, secuestrando y asesinando.

No callar

A lo largo de 176 páginas, el periodista y escritor Juan Carlos Chaneton, nos sumerge en la historia del periodismo argentino, principalmente en el andar de los diarios La Prensa y La Nación:  los matutinos que protagonizaron el periodismo fundacional en el país, los medios escritos que más influyeron en la opinión y en el pensamiento de la población en la Argentina, los diarios que empleaban los términos grandilocuentes como ‘patria’, ‘república’ o ‘nación’, para proteger sus intereses oligárquicos, los diarios que impulsaron una Argentina pastoril, los diarios que moldearon en la ciudadanía una identidad nacional, los diarios que a partir de 1930, abandonaron la senda iluminista que los vio nacer, y apoyaron los golpes militares y el terrorismo de Estado.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

Luego de hurgar en los pensamientos y las palabras de ambos diarios, cuando se editaban en blanco y negro y en formato sábana, Chaneton les recuerda a sus lectores: el ciento de periodistas que, por ejercer el periodismo, fueron asesinados o desaparecidos durante el último régimen militar, el valor de la ética, el cumplimiento de los deberes en el periodismo, y la necesidad de erradicar las técnicas deshonestas en la prensa: ‘El periodista que calla ante la transgresión prohíja la impunidad, convoca a la indiferencia y siembra la semilla de la anomia, umbral de la disolución ética’.

 

La prensa y la patria: fracturas de la razón iluminista en la Argentina, del periodista, Juan Carlos Chaneton, editorial Catálogos, 2010, Buenos Aires.
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