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En la Argentina para conseguir buenos consejos de sexo oral, y por escrito, hay que leer en la red los 10 sex tips de Alessandra; la carta de algunas pizzerías ya no ofrece la típica comida italiana con tocino o panceta, sino con bacon; el vino no se compra en una vinería ni en una vinoteca, sino en un winery; el agua en el dispensador de la oficina – que sabe a pantano, y que no se sabe si es potable- tiene en el frente del distribuidor, un botellón de plástico, generalmente de color celeste, una leyenda que deja pasmado al más experimentado hispanohablante: Hot & Cold water dispenser; si de inglés entremezclado con el español hablamos, los organismos públicos no se quedan atrás: El gabinete de prensa del Ministerio de Desarrollo Territorial de la provincia del Neuquén da cuenta las tareas de promoción turística con un salpicado spanglish: ‘La participación en ferias y eventos, workshops, fam press, fam tours, […] y la impresión de material gráfico: 155.000 flyers, folletos, banners de promoción, brochures, afiches, y postales’; las esquelas de salutaciones de las direcciones de protocolo de numerosas instituciones públicas van casi siempre escritas con frases rimbombantes acompañadas del anglicismo cursi ‘congratulaciones’, como si el español no dispusiese de la palabra conocida por todos: ¡Felicitaciones!; en las estaciones de servicios, en las farmacias, en los consultorios médicos, en los bancos, en los supermercados, y en cualquier lugar donde se encuentre un empleado o asistente, el cliente escuchará: ‘Aguárdeme un momento…’ ‘aguardame un segundito…’, ‘aguarde por favor…’, en agravio al verbo más conocido por todos: esperar; y una madre –que no tiene muy claro los nombres ingleses que la mercadotecnia ha impreso a fuego en varios envases, tales como pack, pouch, box, bulk- le ordena a su pequeño hijo en el supermercado que le traiga un blister de aceitunas.

Cartel en la vía pública. (Voz inglesa 'Pack').

Cartel ‘pac’ en lugar de ‘pack’.

       Aplaudidores y aplaudidoras

Rodeada de una claque compuesta por funcionarios aplaudidores y funcionarias aplaudidoras, la presidente de la Argentina Cristina Kirchner inicia todos sus discursos y todas sus alocuciones con el zonzo doblete      –que algunos denominan de lenguaje no sexista-: ¡Buenos días a todos y todas…!; y en el mundo de la comunicación los receptores suponen que los periodistas hablan un castellano más pulcro, más estándar, más libre de ruidos semánticos u otras partículas extrañas a la lengua española: En Radio Continental, un periodista le pregunta a un funcionario: ¿El tema de los containers termina con esta idea de discriminar todo tipo de basura…? Respuesta: ‘Al revés, los contenedores son una de las partes […]’.

Quiosco versus drugstore

Para dar cuenta que el español es un idioma que está lleno de vida, que cambia constantemente, un vistazo a cualquier fumador con 35 años metiéndose hollín en la carne, puede mostrarnos los distintos nombres que en casi cuatro décadas han tenido los establecimientos dedicados a la venta de tabaco: quiosco, kiosko, maxikiosco, polirrubro, multirrubro y el actual y moderno vocablo, que te indica que el cigarrillo es una droga: drugstore; el presentador de una bebida espirituosa dice en una propaganda televisiva que el licor tiene un mix de hierbas en lugar de una mezcla de yerbas; los carnés de conductor de la ciudad de Buenos Aires tienen scoring, no puntaje; el suavizante para que la ropa no quede como una carpa de circo viene en un envase llamado pouch; los preservativos, de 3 , 6 ó 12 unidades y las toallas femeninas no están envasadas en un ‘paquete’ sino en pack; los discos compactos vienen envueltos en unos paquetes llamados bulk; algunos periodistas deportivos –que deberían hacer cursos de ultraperiodismo y ultragramática, no dejan de repetir una y otra vez la palabra inglesa sponsor, cuando de vez en cuando podrían darle una oportunidad de ver la luz a las españolas patrocinar, patrocinador, patrocinado; y algunos periodistas radiales y televisivos tienen ‘data’ no información.

Porteños seseosos

El último vocablo de moda de los porteños seseosos de la ciudad de Buenos Aires es vintage; en la clínica CMIC una de sus puertas lleva el cartel híbrido, contaminado y muy vanidoso de: Office de Enfermería; el diario Perfil, el diario argentino que tuvo un libro de estilo antes de salir a la calle, insiste con sus repetidas voces inglesas, esos anglicismos innecesarios, esos términos que suelen confundir a la mayoría de los lectores: ‘El 85 por ciento de los porteños no sabe bien qué es el sistema de scoring’; y la sindicalista Agustina Ionno– durante una entrevista radial- le advierte a su interlocutora que los empleados del subterráneo no cargan las tarjetas a los usuarios porque dicha tarea les provoca tendinitis y le aclara que esa interrupción del servicio no es ‘una medida de fuerza’, tal lo informó la periodista, sino que es ‘una tarea a reglamento’.

Cartel 'pizzeria' en lugar de 'pizzería'.

Cartel ‘pizzeria’ en lugar de ‘pizzería’.

       Locutor y vendedor de publicidad

El autodenominado locutor y vendedor de publicidad, Alejandro Polizzo, quien en su elocución radial abusa de los latiguillos antirradiofónicos tales como: ‘ajá…’, ‘a ver…’, ‘bolu…’, ‘demás…’, ‘digamos…’, ‘mierda…’, ‘ o sea…’, ‘una bocha…’, ‘viste…’, también demuestra tener cierta habilidad para el empleo de anglicismos innecesarios en la prensa. Durante una conversación radial, la cual inicia con la voz inglesa full, le pregunta a su interlocutor que se halla en la localidad de Villa La Angostura: ¿los precios cómo están… están más o menos… se mantienen los precios del año pasado… digamos… para el turista… está medianamente acomodado, o hubo… así como… se pusieron medio power… en, en, en, este verano…?; el periódico 8300, con esos dobletes venidos en moda, demagógicos, poco prácticos y antiperiodísticos de, los y las, alumnas y alumnos, directores y directoras, expresa en una de sus crónicas: ‘Los y las docentes neuquinas no tienen estabilidad laboral, uno de los derechos más básicos de cualquier trabajador/ra’; para el diario digital español El Periódico.Com es –en su edición del 1 de mayo- la ‘Conmemoración del Día del Trabajador’, mientras que la misma fecha para el diario El País, de España, es ‘Día del Trabajo’; en un sitio web la Televisión Española Internacional (TVE) informa en una publicidad institucional: ‘No dudes en hacerte fan y acceder a mucha más información de la programación […]’, en lugar de las castellanas: admirador, seguidor, aficionado, hincha, entusiasta, tal como lo recomienda la Fundación del Español Urgente (Fundéu); el consultor de energía Emilio Apud tampoco puede hablar sin extranjerismos: ‘[…] El valor de los combustibles está relativamente más aggiornado que el gas y la electricidad  […] el problema es el abastecimiento, porque ya las refinerías están a full’, le explica con un italianismo y un anglicismo a Radio Mitre; los escritores y autores del libro titulado Identid@des. Poemas y relatos breves, no parecen haberse dado cuenta que la primera letra del alfabeto español no se puede reemplazar por la arroba, porque ese garabato con una colita que cobija una a es un símbolo, no un signo. Y lo peor: la Legislatura del Neuquén distribuirá el libro de marras en las escuelas. ¿Es pedagógico que los alumnos crean, al ver la tapa del libro, que la letra a puede sustituirse por el símbolo de la arroba?; y en una red social dedicada al chat una chica le envía un dulce mensajito al chico que acaba de conocer en la web: ‘hola cmo estas’? FELIZ SEMANA DE LA DULSURA¡¡¡’.

Empobrecimiento

Algunas de las expresiones de esta crónica, extraídas de distintos ámbitos públicos y privados, son un botón de muestra del empobrecimiento del habla de los argentinos. Los motivos: desconocimiento de la lengua, desinterés por el idioma, ignorancia, esnobismo, moda, imitación, y pereza. Este reproche no va dirigido a los hispanohablantes, sino a los organismos públicos, los funcionarios del gobierno, y principalmente a los medios de comunicación, a los periodistas y comunicadores que tienen la responsabilidad de proteger, custodiar, educar, defender y divulgar el buen uso del español.

Cuando hablamos del buen uso del español en los medios de comunicación no nos referimos a la simplificación del idioma, en detrimento de la diversidad de la lengua. Sino de no contaminarlo con voces extranjeras innecesarias en desmedro de las palabras españolas que son conocidas por la mayoría de los receptores y que evitan el ruido semántico en la comunicación.

El raquitismo del lenguaje empleado por la mayoría de los hispanohablantes, y el escaso compromiso de algunos medios de comunicación para defender el español, tienen una correlación: las empresas periodísticas toman los vocablos que utiliza la sociedad y los consumidores de los medios imitan los vocablos que la prensa emplea.

Banalización del periodismo.

Internet y la frenética producción de nuevas herramientas de comunicación con tecnología digital revuelve a cada instante el caldero de la lengua española. Las nuevas formas de comunicación on line, el aumento del entretenimiento en los medios de comunicación, el incremento de lo banal y grosero en los medios audiovisuales, la reducción de periodistas en las redacciones, la demanda de mayor velocidad, periodistas con mucha oficina y poca calle, comunicadores jóvenes que creen que se puede hacer periodismo solamente con el ingreso a Internet, la participación en redes sociales como Facebook, o Twitter, y el envío de correos electrónicos, la ausencia de correctores de estilo de carne y hueso, la mala y cómoda costumbre de copiar y pegar informaciones provenientes de organismos públicos, -que suministran propaganda vestida de información-, han forjado un periodismo que desprecia la principal herramienta que emplea para comunicarse: la lengua. 

El inglés goza del estatus de lengua franca y es la que más influencia tiene en el español. Es por ello que en la lengua española hay voces extranjeras necesarias e innecesarias. Pero… ¿por qué los periodistas y comunicadores emplean todo tipo de extranjerismos innecesarios, si el idioma castellano dispone de vocablos para su reemplazo? ¿Si los periodistas aprenden en las facultades de comunicación que el formato periodístico de noticia demanda un lenguaje claro y simple para que no se produzcan ruidos semánticos en la comunicación, por qué emplean anglicismos, galicismos, italianismos y germanismos, que provocan dificultades de lecturabilidad y comprensibilidad en el receptor?

Responsabilidad de los periodistas 

Errores cometemos todos, pero no hablamos aquí de errores, sino de la equivocación lingüística proveniente de la pobreza léxica, del desconocimiento de la técnica periodística, y de la política editorial de los medios respecto de cómo utilizar el idioma para comunicar. Propender la defensa de una lengua no es rechazar todos los vocablos extranjeros, marginarlos, o no emplearlos. Propender la defensa del español significa estudiar gramática, ortografía, vocabulario, utilizar aquellos términos que lo enriquecen y que no entorpecen la comunicación, y sobre todo dar a conocer el buen talante del castellano.

No podemos esperar que el buen español o la riqueza léxica sobrevida y se reproduzca solamente en algunos claustros o en los pasillos y libros de gramática de la Real Academia Española. La misión y función de los medios de comunicación pueden ayudar en esta tarea, porque no sólo tienen el papel de informar, comunicar, emitir opinión, y ofrecer entretenimiento, sino la de brindar educación.

Juan Mario Galdeano


En el arte de comunicar, algunos hablantes del español emplean palabras extranjeras innecesarias para construir los escritos o la oratoria, sin importarles si los receptores pueden o no entender esos términos o mensajes. La fuente de este despropósito puede hallarse en la moda, la pedantería, la soberbia, las ínfulas, el esnobismo, la mercadotecnia, el desinterés por el castellano, el desconocimiento de la lengua, la falta de lectura, y los irrefrenables deseos de aparentar, mandarse la parte, o sobresalir a expensas del que se encuentra en el extremo del proceso de la comunicación: El otro.

   Una joven entra a una tienda de ropas de moda y le pide a la vendedora si puede ver una prenda; luego se produce el siguiente diálogo:

Vendedora: ¿Tu talle es small?

La chica: No… no te entiendo.

Vendedora: Si tu talle es small

La chica: No entiendo… no te entiendo porque me hablás en inglés.

Vendedora: Pero… entonces… ¿Cuál es tu talle?

La chica: Mi talle es ‘S’.

    La presunta compradora sabe que su talle es ‘S’, pero desconoce que esa letra en el comercio textil es la abreviatura del término inglés small. Esta zancadilla lingüística, que recibió la receptora, ocurrió porque la vendedora no utilizó una palabra castellana, una palabra más simple, más lugareña. Esas palabras locales que la mayoría de los hablantes conocen y que siempre son mejores amigas para la comunicación que una forastera, una desconocida, o una extranjera innecesaria, mal pronunciada por quienes desean darle prestigio y pasaporte nacional.

Diario Río Negro.

Diario Río Negro. Por una ley de talles para la ropa. 30.5.2008.

Pero los usuarios no los únicos que hablan con anglicismos, galicismos, italianismos y otros términos foráneos, ajenos a nuestro caldero español. A los funcionarios también les fascina hablar difícil y expresarse con extranjerismos y partículas del ámbito de la mercadotecnia. Así, por ejemplo, el subsecretario de Emergencias, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Néstor Nicolás, explicó durante una entrevista en Radio Continental, las tareas de reparación que el departamento a su cargo realizó en las calles, luego de los destrozos que dejó una tormenta de granizo en ese conglomerado urbano: ‘En el transcurso del día todos los temas mayores van a ser resueltos. Nosotros hacemos una clasificación, un triage, digamos, de los incidentes y aquellos, los que provocan mayor tipo de inconvenientes, o trastornos, son los primeros en ser resueltos […]’.

Como habrá notado, triage, no es un galicismo necesario, reconocido y dominado por la mayoría de los hispanohablantes de la Argentina. Su empleo fue redundante, superfluo, y se convirtió en un estorbo en la comunicación. No sabemos a ciencia cierta por qué el funcionario agregó en ese contexto una palabra francesa e innecesaria, extraña para el receptor, y no integrada a la lengua de los argentinos. Quizá, la añadió por ínfulas o como un tecnicismo, con deseos de mostrarse como un experto en reparar los daños ocasionados por el vendaval o para que los vecinos permanezcan tranquilos ante estas contiendas de la naturaleza, ya que él ha hecho ‘un triage de los incidentes’.

Con respeto pero a la chacota

    La publicidad, es otro de los ámbitos repletos de extranjerismos, neologismos y malformaciones lingüísticas empleadas con el fin de llamar la atención, persuadir, y darle un aspecto nuevo al producto o servicio que se promociona. Los argentinos son muy propensos y profesionales para las imitaciones, y los periodistas y locutores no escapan a las modas, las pedanterías e ínfulas, las cuales toman inmediatamente, y sin tapujos.

En la Radio Mitre de la ciudad de Buenos Aires, la conductora del programa Con todo respeto, Mariel di Lenarda, –que podría ser menos verborrágica mientras hablan sus compañeros- anuncia con histrionismo una publicidad: ¡Chicos tengo regalitos… voucher, voucher, y voucher… le mando un beso a mi amiga… ya que estamos hablando de voucher. Siempre la cargamos que es la chica voucher. […]. Tengo kit de productos […] una fiesta de color para tu casa. Así que tengo el kit para que te lo lleves directamente acá… eh… sin voucher !

Con su vocabulario poco radiofónico, – y atosigado de voucher- la animadora desea demostrarles a sus oyentes su conocimiento y dominio del inglés, al tiempo que muestra la hilacha respecto de la escasa empatía que cultiva como una persona que se expresa en un medio tan oral y fugaz como la radiodifusión. ¿La mayoría de los oyentes saben qué es un voucher, un kit? ¿Existe la necesidad de emplear vocablos extranjeros si nuestro idioma dispone de numerosos equivalentes claros y sencillos, y que la mayoría de los hablantes conocen? Cuando repite voucher atasca la regla básica de adecuación que demanda nuestro español  argentino y pone al descubierto su limitada competencia comunicativa.

Se supone que los medios de comunicación, además de informar, comunicar, entretener, y emitir opinión, conllevan ‘educación’. La conducta de la conductora Mariel Di Lenarda –y de todos aquellos periodistas y comunicadores que abusan de los extranjerismos innecesarios- es reprochable. Y motivo de corrección, porque quien desempeña labores en una radio debe saber que su público es altamente heterogéneo, con personas de distintas edades e instrucciones educativas; que se dirige principalmente a un usuario del español estándar; que su receptor es un oyente, no un lector; que los medios funcionan como custodios del idioma; que los locutores o periodistas deben expresarse bien porque sus formas de hablar y contenidos influyen en la comunidad; y porque la radiofonía es sinónimo de empatía.

Los insertos de la administración

    Otro de los lugares donde habita la despreocupación por El otro, es la administración pública. Allí, la burocracia, el desinterés, la pereza, y el desconocimiento de un lenguaje administrativo simple y llano, conspira con la comunicación de los miembros de la organización, y principalmente con sus receptores más valiosos: los contribuyentes, vecinos y ciudadanos.

En las oficinas no solamente reina la costumbre de escribir y cumplir, sin importarles si esos mensajes podrán ser decodificados por sus destinatarios, sino la manía de utilizar anglicismos, galicismos, italianismos, germanismos, frases latinas, latinismos, circunloquios, tecnicismos, y neologismos, que entorpecen la información y la comunicación.

Pese a que los documentos oficiales de una institución pública deben ser legibles a todos los ciudadanos, la mayoría de las veces los papeles públicos están redactados con un léxico intrincado y rebuscado, que demanda un esfuerzo adicional para descifrar el mensaje que la institución quiere transmitir.

Los ejemplos son infinitos, pero veamos un botón de muestra. Una exposición de fotografías de Alemania, patrocinada por el Instituto Goethe, se informa a través del boletín oficial de la Municipalidad de Neuquén: ‘El Instituto Goethe de Buenos Aires pondrá a disposición del Museo […] un número de 15 catálogos en alemán para (la) prensa y publicidad del MNBA de Neuquén y 5 catálogos en alemán adicionales para relaciones publicas y archivo […] Los catálogos de 144 páginas contienen todas las obras de la muestra y serán acompañados de un insert en castellano’.

Las instituciones públicas deben saber que sus destinatarios no constituyen un público selecto, que la comunidad está compuesta por receptores muy heterogéneos. Toda organización del Estado debería tener una premisa en su comunicación institucional: el receptor es el eslabón más importante en el proceso de la comunicación.

Cuando el vecino, el contribuyente o el ciudadano necesitan de un traductor para poder traducir el mensaje del gobierno, se detecta inmediatamente el cinismo, el desinterés, la despreocupación y el desprecio que la institución tiene por el receptor, por el lector, por El otro. El Estado, ya sea municipal, provincial o nacional, debe preservar y defender la lengua nacional, que es la lengua oficial, la herramienta que utiliza para informar y comunicar los actos de gobierno.

Si bien el contexto ayuda a comprender el mensaje, algunas veces no es suficiente porque el vocablo –además de llamar la atención- puede producir ambigüedad en algunos lectores. Hay que tener en cuenta que las palabras adquieren distintos significados según el contexto en que se empleen. ¿Cuál era la necesidad de insertar un término en inglés, cuando el español posee muchas palabras similares, más simples y conocidas por la mayoría de los hablantes?

Scoring: Copiar y pegar

    No sólo los usuarios del idioma, los funcionarios, los publicistas y los empleados de la administración pública, abusan de los extranjerismos innecesarios. Los periodistas no están exentos del uso de partículas extrañas que dificultan la interpretación de los mensajes. Para ver una prueba de esta mala costumbre observaremos el tratamiento periodístico que hicieron los diez diarios más importantes de la ciudad de Buenos Aires, sobre una noticia concerniente a la puesta en marcha del ‘Sistema de puntos aplicable a la licencia nacional de conducir’. Se trata de la publicación del Decreto 437 de 2011 en el Boletín Oficial de la Nación, que dispone un ‘sistema por el cual se quita puntos a los conductores que cometan infracciones de tránsito’.

Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina.

A raíz de esta información, los citados diarios porteños informaron a sus lectores a través de titulares y cuerpos de noticias redactados con el vocablo inglés scoring. Algunos lo escribieron en redonda, como las palabras españolas; y otros medios lo hicieron en cursiva o entre comillas para diferenciarlo del castellano.

Las volantas y títulos de las ediciones digitales y en soporte de papel fueron los siguientes: Diario Clarín: ‘Reglamentaron el sistema scoring en el registro de conducir para todo el país’; diario La Nación: ‘Se extenderá a todo el país el sistema de scoring en el registro de conductor’; diario La Prensa: ‘En 60 días aplicarán el scoring en todo el país’; diario Tiempo Argentino: ‘En 60 días regirá el sistema de scoring en las licencias de casi todo el país’; diario Página 12: ‘Sociedad. El scoring nacional empezará a regir en dos meses. Descuentos de puntos en todo el país’; Diario Popular: ‘El scoring se extiende a todo el país’; diario El Argentino: ‘Extienden el sistema scoring. Regirá en todo el país la quita de puntos en el registro de conducir’; diario Ámbito Financiero: ‘Se extiende scoring para todo el país’; diario Buenos Aires Herald: ‘National Gov’t fosters BA City ‘scoring system’; y diario La Razón: ‘Ahora el sistema de scoring comenzará a regir en todo el país’.

¿Si el decreto en cuestión no contiene en toda su extensión las palabras inglesas score o scoring, por qué los nueve diarios que se editan en español emplearon este anglicismo innecesario, si el castellano dispone de equivalentes más claros para su reemplazo?

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Consideramos que el medio de comunicación empleó la palabra inglesa innecesaria, por los siguientes motivos: Porque prefirió imitar y estar en consonancia con otros medios; porque prefirió los vocablos que están de moda en la oralidad de los hablantes; porque prefirió la pereza antes que buscar un sinónimo en español; porque carece de correctores de estilo de carne y hueso; porque no posee un libro de estilo sobre la escritura; porque optó por copiar y pegar lo que le envió un gabinete de prensa de un organismo público o una agencia de noticias estatal; o porque consideró que no es relevante construir una redacción clara y simple como lo demanda el formato periodístico de noticia.

¿Es correcto que un medio de comunicación transcriba la palabra extranjera que le envía un departamento del Estado a través de su boletín de prensa o de un correo electrónico? ¿Dónde está la línea editorial o la política sobre la escritura del medio de comunicación? ¿Además, la mayoría de los lectores saben que es scoring?

Esto puede parecer de Perogrullo, pero en los medios de comunicación el empleo de un vocablo y no otro es una decisión política. La premisa parece grandilocuente, pero no lo es, porque el medio no sólo debe expresarse en español, sino que tiene la responsabilidad de hacerlo en forma correcta y con buen gusto con el fin que la mayoría de los receptores puedan entender los mensajes. Con esto no se trata de estar en contra de la diversidad de la lengua o promocionar el purismo en el lenguaje periodístico, sino en desterrar la manía de emplear voces foráneas innecesarias y darle legibilidad y lecturabilidad a las comunicaciones.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Una editorial debe conocer que los lectores no desayunan ni circulan con un diccionario inglés-español debajo del brazo para desbrozar esas partículas extrañas, que dificultan la lectura e impide al receptor la posibilidad de informarse, construir una comunicación y acceder al conocimiento. Los periodistas deben escribir y hablar responsablemente. No deben, ya sea por moda, esnobismo, o por la simple pereza de copiar y pegar, someter a los lectores a un esfuerzo cognoscitivo indebido e innecesario. Los medios deben entender que con el idioma no solamente se trasmite información y comunicación, sino también, saber. Por tanto deben esmerarse para ofrecer una comunicación exenta de ‘ruido semántico’, no incomunicación.

El otro

    El empleo de palabras extranjeras en los mensajes puede convertirse en una trampa lingüística para el receptor. Estos tropiezos pueden ocurrir por varias razones: Porque algunos periodistas no emplean el mismo código que utiliza la audiencia; porque algunas veces en los actos de informar y comunicar, prevalece el entretenimiento o la moda; porque ciertos periodistas creen taxativamente que cuando ejercen el papel de emisor al final de la línea del proceso de la comunicación se halla un receptor, como si se tratara de un acto unilateral, lineal, y estático, sin considerar que los actores de esta estructura no son entes separados, porque el proceso es algo dinámico que debe permitir que el receptor se convierta en emisor y viceversa; y porque ‘la despreocupación por el otro’, pueda ser el resultado de varios motivos: La falta de compromiso, el desinterés por los propósitos de la comunicación, el deseo constante de diferenciarse del otro, el desgano de construir la empatía, el incremento de la individualidad, y el desconocimiento que con El otro se construye la comunicación. Una despreocupación por El otro, que en algunas ocasiones pasa inadvertida ante la abrumadora tecnología digital, los sofisticados sistemas de comunicación, la excitación de la hiperconectividad, el entretenimiento de las redes sociales en Internet, y la cotidiana embestida de la sobreinformación.

El hecho puede parecer zonzo, pero cuando el emisor desestima al receptor, El otro deja de tener importancia y con ello se desvanece y se espanta la conversación, la respuesta, la interacción y la realimentación. Estas conductas desestimadas son imprescindibles para evitar, el traspié en la decodificación, el desprecio por el receptor, el deterioro de la comunicación, el empobrecimiento del lenguaje, el debilitamiento de nuestro pensamiento y de las relaciones sociales y culturales, pilares fundamentales para mejorar nuestra convivencia e idiosincrasia.

Los diarios La Prensa y La Nación protagonizaron el periodismo fundacional en la Argentina inspirados en la corriente iluminista europea, pero luego abandonaron ese camino, y apoyaron desde 1930 hasta 1976 los golpes militares y el terrorismo de Estado. Tal cambio, y horror, es el núcleo del libro La prensa y la patria: fracturas de la razón iluminista en la Argentina, una investigación escrita por el periodista Juan Carlos Chaneton. La obra, no sólo revela la línea editorial de ambos matutinos durante ese período, y los daños que esas ideas y opiniones ocasionaron al país, sino que replantea la relación que existe entre la ética y el periodismo.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

En momentos en que la ciudadanía argentina debate por primera vez los contenidos y las conductas de los oligopolios informativos, los intereses económicos e ideológicos de las empresas periodísticas, el comportamiento de los periodistas, la distribución de la publicidad oficial, la comunicación institucional del gobierno, la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, los deberes que los medios de comunicación poseen con la sociedad y el Estado, Chaneton nos muestra las malas artes que se fraguaron en las noches más oscuras del periodismo en la Argentina, desde 1930 hasta 1976. Un tiempo, donde los diarios La Prensa y La Nación, los más influyentes del país, apuntalaban las dictaduras militares, indicaban quiénes debían gobernar, quiénes eran los enemigos, cuál era el modelo económico que debía fortalecerse, y sobre todo, qué debía hacerse por la república. Una información construida para una masa de receptores imposibilitados de analizar el mensaje subliminal y cuestionar lo que imponía la clase dominante.

El autor trae a la memoria, las primeras imprentas de los jesuitas, los primeros pasos del periodismo en el Río de La Plata, las primeras gacetas en la imprenta de los Niños Expósitos, las voces que se alzaron contra el monopolio español, el auge que tomó el periodismo luego de la etapa independentista, (en la época de Juan Manuel de Rosas, llegaron a editarse en Buenos Aires 43 periódicos), la generación del ochenta y los presidentes-periodistas, tales como Mitre, Sarmiento, y Avellaneda, que escribían en distintos periódicos sus tareas de gobierno e ideologías, y las familias que cimentaron el periodismo fundacional en la Argentina.

Familias patricias

El protagonismo más importante del periodismo en la Argentina, nos describe Chaneton, lo representarían dos familias patricias: Los Paz y los Mitre, que atraídos por la corriente iluminista europea del siglo XVIII, fundaron, en 1869 y 1870, los dos diarios más influyentes en la historia de la república: La Prensa y La Nación.

En sus comienzos, La Nación, será genuinamente liberal, explica Chaneton, pero desde 1930 hasta 1976 abandonaría las ideas iluministas del fundador, Bartolomé Mitre, y apoyaría los golpes militares y el terrorismo de Estado.

Sobre estos dos comportamientos tan distintos en la vida del diario, Chaneton nos aclara que los primeros años de la publicación porteña estuvieron en consonancia con los valores del Iluminismo, y ejemplifica: Cuando ocurrió la fuga de presos en Neuquén, (y posterior asesinato del director del diario Neuquén, Abel Chaneton,) un suceso conocido como Zainuco, entre 1916 y 1917, La Nación abordará el caso con ética, justicia y verdad.

La Nación y la matanza de presos

Chaneton recuerda -en su libro La prensa y la patria- aquel masivo escape de reclusos de la cárcel del Neuquén, y la captura y el fusilamiento de algunos de los presos en el paraje Zainuco, a unos 250 kilómetros de la capital neuquina. El 29 de mayo de 1916, por la noche, diecisiete fugados se refugian en ‘El rancho de Fix’, ubicado en el valle de Zainuco. Una patrulla policial que los persigue los encuentra el 30 a la madrugada. Luego de un tiroteo, ocho son tomados prisioneros, uno muere en combate y los ocho restantes son fusilados por un grupo de policías.

'El rancho de Fix', en el paraje Zainuco. (1918). Fotografía de Norman Portanko

'El rancho de Fix', en el paraje Zainuco. (1918). Fotografía de Norman Portanko.

‘La represión estatal masacró allí a hijos de la tierra, mulatos, rotosos, chilenos, pobres, delincuentes comunes que purgaban penas […] aun cuando alguno de ellos ya había cumplido su condena y todavía seguía preso’, añade el autor. El diario Neuquén, que había sido fundado en 1908 por Abel Chaneton, investigó, denunció y clamó justicia a través de sus páginas.  

‘Un sicario del gobernador Elordi acabó con su vida y este periodista devino, así, mártir del periodismo libre y precursor en la lucha por la vigencia de los derechos humanos. El crimen trascendió el país y el diario La Nación escribió: ‘Fáltanos aún la información necesaria para puntualizar los detalles del suceso sangriento del que fue víctima Don Abel Chaneton, director del diario Neuquén y nuestro corresponsal en aquel territorio’.

Y agregaba el diario de Buenos Aires: ‘[…] no puede callarse la circunstancia de que el director del Neuquén ha muerto en momentos en que anunciaba su viaje a Buenos Aires para ratificarse en sus acusaciones y pedir una investigación’.

‘No ponderó el diario porteño más consideraciones que la ética, la justicia y la verdad. El periodismo argentino – y este es un dato de identidad nacional del cual debemos hacernos cargo- fue celoso defensor y docente de estos principios hasta el Centenario, más o menos’, advierte el autor del libro.

Apoyo a los golpes de Estado

El primer golpe de Estado en la Argentina se produce en 1930, con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. Era el comienzo del oscurantismo y la justificación de los golpes por parte de los diarios de la época. En ese tiempo ‘La Nación había ya dejado de ser una tribuna de doctrina republicana para convertirse en calificado vocero del sentido común de un sector de la sociedad’. Muchos diarios apoyaron los derrocamientos y callaron los crímenes que las Fuerzas Armadas cometieron desde 1930 hasta 1976. En esto, Chaneton se detiene y aclara: ‘El consenso al golpe de (José Félix) Uriburu y, luego de él, a todos cuantos han existido hasta hoy en el país de los argentinos, fue generalizado. Ello no fue obra de la prédica de los medios solamente, pues otras vertientes ideológicas jugaron su papel en esto’.

Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina.

Modelo agroexportador

Las riquezas en la vastedad del suelo argentino, la economía y el mercado, fueron asuntos privilegiados de los diarios La Prensa y La Nación, quienes promovieron desde el principio, y desde un discurso liberal, el modelo económico agroexportador como el único posible. Desde estos medios se mostró al país como ‘el granero del mundo’, en detrimento de la diversificación y la industrialización. ‘Lo curioso -dice Chaneton- es que los creadores de este discurso que ganaba las páginas del diario La Nación no advirtieran que las propias naciones que ellos tomaban como modelo no actuaban, ya desde los comienzos, con ese criterio agrarista a ultranza. El propio Federico Pinedo da cuenta de que EE.UU. no exportaba su maíz en forma de granos, sino que lo convertían en carne y grasa. Era 1910, la época en que EE.UU. iniciaba la agroindustria con la vista puesta en que es siempre mejor exportar productos con algún grado de elaboración que sin elaboración alguna, que era lo que hacíamos nosotros’.

Clausura de medios y muertos civiles

Mientras los golpes de Estado se sucedían en la Argentina uno tras otro, el presidente de facto, Edelmiro Farrell clausura en 1944 el periódico socialista La Vanguardia, fundado por Juan B. Justo en 1894. Eran tiempos no aptos para la libertad de expresión, eran tiempos de mordaza.

La aparición en la escena política de Juan Domingo Perón, también provocará enemigos. El autor de La prensa y la patria cuenta que con la llegada del ‘movimiento nacional justicialista’ los diarios La Prensa y La Nación se convierten en antiperonistas.

En su primera presidencia, Juan Domingo Perón siente la presión de la oposición, y en 1947 dice: ‘Hay algunos diarios que sistemáticamente combaten todas nuestras medidas. Son los que dicen que los teléfonos andan mal porque ahora son argentinos y que antes andaban bien porque los manejaban los extranjeros’. Sus palabras fueron un presagio de lo que ocurriría después: el gobierno peronista clausuró más de 70 periódicos en todo el país y en abril de 1951 expropió el diario La Prensa.

El país se hallaba en vísperas de la revolución libertadora, que no fue ni revolución, ni libertadora, sino un bombardeo a la casa Rosada, que dejó 355 muertos y cientos de civiles heridos. Sobre este nefasto día Chaneton rescata el título del editorial del diario La Nación: ‘Una hora de dolor para la Argentina’ se pronunció respecto de los bombardeos del 16 de junio de 1955.

Se decretó la Ley Marcial en todo el país y el diario La Nación escribió: ‘Nadie deplora tanto como el gobierno de la Revolución Libertadora el que hayan debido adoptarse medidas extremas para resguardar el orden y la tranquilidad del pueblo. Podemos asegurarlo por haber estado en contacto estrecho, con las altas autoridades durante el desarrollo de los desgraciados sucesos de anteayer y ayer’.

‘Con este texto La Nación se erigía en órgano oficioso de la revolución libertadora. […] Sin recato el diario se ponía la camiseta de los golpistas, lo cual es grave no tanto porque toma partido sino porque presume de objetividad, es decir, engaña a la opinión pública’, agrega Chaneton.

Los derrocamientos presidenciales no cesaron. La revista Primera Plana y los diarios La Nación y La Prensa, trabajarán de nuevo a favor del golpe de Estado de 1966, cuando se destituyó a Arturo Illia.

Lo actuado por la revista Primera Plana, y los diarios La Nación y La Prensa, en el derrocamiento del gobierno constitucional elegido en 1963, ‘constituyó una actividad de adoctrinamiento de la población en el marco de una operación de prensa que asociaba democracia con ‘ineficacia’ […]’.

La Nación apoyó el golpe. Y no cualquier golpe. Apoyó el golpe que destruía nuestra Universidad […]’, reconstruye Chaneton. Y menciona: ‘El viernes 29 de julio se violaba, a pura represión, la autonomía universitaria. Era la noche de los bastones largos. Era el inicio del colapso para la inteligencia argentina, orgullo del país, hasta ese momento, en toda América latina. Era la barbarie abatiéndose sobre el pensamiento con el que habían soñado Sarmiento y otros, que sabían que la educación, la ciencia y la tecnología hacen grandes a los países. Sólo los militares argentinos lo ignoraban’.

‘Sin embargo La Nación no toma nota del crimen contra el saber. El día anterior disimulaba la gravedad de lo que estaba ocurriendo en el país. Decía: ‘Cambióse el régimen de las universidades’. De los golpes, de la sangre, de los estudiantes y profesores golpeados y encarcelados, nada’. Para el diario de los Mitre, sólo las fuerzas armadas eran seguras y fiables. Por ello, convocó al golpe contra Yrigoyen, contra Perón, contra Frondizi, contra Illia.

El diario La Prensa

El diario fundado por la familia Paz también abandonará las ideas iluministas para apoyar los golpes de Estado. El 24 de marzo de 1976 La Prensa titula y se convierte en vocero del terrorismo de Estado: ‘El país se encuentra bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas’.

Diario La Prensa, Buenos Aires, Argentina.

Diario La Prensa, Buenos Aires, Argentina.

Así, el matutino fundado por José Clemente Paz en 1869, defendió la ‘doctrina de la seguridad nacional’, la agricultura en desmedro de la industrialización, el Plan Cóndor, y combatió la campaña que desde Europa hacían los medios de comunicación, dando a conocer el secuestro, la tortura y la desaparición de personas que hacía el régimen militar en la Argentina.

Con minúsculas para el enemigo

Ante el cuestionamiento y la aseveración de que casi todos los medios apoyaron en aquellos años el terrorismo de Estado, incluidos los diarios La Nación y La Prensa, Chaneton asiente, y advierte: ‘Sí, es cierto. Pero los otros no venían de fundar la patria ni decían inspirarse en la razón iluminista’.

Con el golpe militar de 1976, llegaron los secuestros, las torturas y desapariciones de políticos y estudiantes. Con las Madres de Plaza de Mayo atentas y en acción, arriba en 1979 a Buenos Aires la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA). El objetivo:  interiorizarse de las violaciones del régimen castrense.

La Nación, que orientaba intelectualmente a la dictadura, prepara a la opinión pública sobre la llegada de la Comisión. ‘Es criticada la visita de la comisión de la OEA’. El diario, no escribió la palabra comisión en bastardilla, la escribió en tipografía clásica y en minúsculas’, esclarece Chaneton.

Tales actitudes bien podría hoy mencionarse a los estudiantes de comunicación social como el paradigma de lo que nunca debe hacerse en la profesión de informar.

El diario que sí hacia periodismo en 1979 era el Buenos Aires Herald. El 16 de septiembre denunció que, aun con la CIDH en el país, la dictadura de Videla era capaz de ejercitar la provocación, secuestrando y asesinando.

No callar

A lo largo de 176 páginas, el periodista y escritor Juan Carlos Chaneton, nos sumerge en la historia del periodismo argentino, principalmente en el andar de los diarios La Prensa y La Nación:  los matutinos que protagonizaron el periodismo fundacional en el país, los medios escritos que más influyeron en la opinión y en el pensamiento de la población en la Argentina, los diarios que empleaban los términos grandilocuentes como ‘patria’, ‘república’ o ‘nación’, para proteger sus intereses oligárquicos, los diarios que impulsaron una Argentina pastoril, los diarios que moldearon en la ciudadanía una identidad nacional, los diarios que a partir de 1930, abandonaron la senda iluminista que los vio nacer, y apoyaron los golpes militares y el terrorismo de Estado.

Libro, La prensa y la patria, de Juan Carlos Chaneton.

Luego de hurgar en los pensamientos y las palabras de ambos diarios, cuando se editaban en blanco y negro y en formato sábana, Chaneton les recuerda a sus lectores: el ciento de periodistas que, por ejercer el periodismo, fueron asesinados o desaparecidos durante el último régimen militar, el valor de la ética, el cumplimiento de los deberes en el periodismo, y la necesidad de erradicar las técnicas deshonestas en la prensa: ‘El periodista que calla ante la transgresión prohíja la impunidad, convoca a la indiferencia y siembra la semilla de la anomia, umbral de la disolución ética’.

 

La prensa y la patria: fracturas de la razón iluminista en la Argentina, del periodista, Juan Carlos Chaneton, editorial Catálogos, 2010, Buenos Aires.

Las expresiones discriminatorias en la prensa argentina no han cesado desde el virreinato del Río de La Plata hasta nuestros días. Son locuciones que nacen de las conductas de la sociedad y que luego se convierten en frases racistas, xenófobas y segregacionistas. Un discurso que algunos periodistas y medios de comunicación toman y transcriben por ignorancia, despreocupación, imprudencia, negligencia, o política editorial.

Discriminación en la prensa

Discriminación en la prensa


Año 1801. El periodista español Francisco Antonio de Cabello y Mesa de la gaceta Telégrafo Mercantil informa a sus lectores su deseo de crear una sociedad literaria en el Río de La Plata. Pero… hace una aclaración sobre quienes podrán participar: ‘[…] todos los que entren en esta Sociedad, han de ser Españoles nacidos en estos Reynos, ó en los de España, Christianos viejos y limpios de toda mala raza; pues no se ha de poder admitir en ella, ningun Extranjero, Negro, Mulato, Chino, Zambo, Quarteron, o Mestizo, ni aquel que haya sido reconciliado por el delito de la Heregia, y Apostasía, ni los hijos, ni nietos de quemados, […] porque se ha de procurar que esta Sociedad Argentina, se componga de hombres honrados nacimientos, y buenos procederes […]’.

Año 2010. Un comerciante de productos dietéticos, que tiene un programa en una radio, le asegura a su audiencia que las mexicanas son feas, que tienen un cutis bastante horrible, y que se las puede conquistar con un palo o con una jaulita; un funcionario municipal informa en una entrevista que se han aplicado infracciones a una familia de gitanos; la portada de un diario revela sin motivo periodístico la nacionalidad de la víctima: ‘Una mujer boliviana de 58 años fue asesinada de un disparo en el cuello…’; una oyente de una emisora envía un mensaje (socarrón) sobre los aportes que reciben algunas personas por parte del Estado: ‘Le habrán dado el subsidio porque es chilena’; una panelista de un programa de TV, -que afirma ser periodista- es despedida de su trabajo por identificar y confirmar la condición de ‘gay’ de un funcionario nacional; y un ex piloto aeronáutico explica a una emisora de radio un conflicto gremial de tripulantes y una decisión judicial, a través de una parodia: ‘[…] mire… en esta línea aérea nosotros somos medios nazis, un poco antisemitas y acá van a entrar dos copilotos judíos. Así que esto nos pone muy nerviosos… por ello le pido señor juez que me los baje del avión’.

El mensaje de Cabello y Mesa se constituye en una de las primeras manifestaciones de segregación y racismo en el periodismo argentino, ya que la gaceta el Telégrafo Mercantil puede considerarse, junto a la Gazeta de Buenos-Ayres, de Mariano Moreno, como una de las primeras publicaciones periodísticas editadas en el Río de La Plata.

Doscientos nueve años después de aquel escrito segregacionista, los comportamientos discriminatorios, xenófobos, racistas y ofensivos no han finalizado en la sociedad y el periodismo, aunque en muchas oportunidades pasen inadvertidos para el apurado lector, oyente o telespectador. Son expresiones que conllevan desprecios hacia los indígenas, inmigrantes, personas con discapacidades físicas o mentales, personas con defectos corporales, y estereotipos sobre las mujeres, a través del denominado lenguaje sexista. Comportamientos que reflejan que los desprecios no han cesado aunque las formas de discriminación hayan cambiado a otras más sutiles.

Chistes xenófobos

Chistes xenófobos


Los hechos ofensivos a determinadas personas en los medios de prensa –principalmente en los espacios de radio y televisión- son tan reiterativos y brutales que cabe la pregunta: ¿De dónde provienen esas actitudes y frases discriminatorias, por qué los periodistas y los medios de comunicación no editan esos agravios, por qué no temen a la infracción de los organismos pertinentes, por qué no les avergüenza la condena social de la comunidad?

El hogar y la escuela

Las discriminaciones que se dicen en los medios de comunicación no tienen origen en las redacciones, ni en las cabinas de los operadores técnicos de radio o televisión, ni en las computadoras portátiles de los productores, ni en los teclados de los blogueros. Provienen de lugares (supuestamente) más cálidos y de aparente candor familiar: el seno del hogar. Es allí donde se cuecen a fuego lento las frases más crudas con el que se rotula al diferente, al intruso, al extraño, al deforme, o al que tiene un apellido español pero mucha sangre indígena en su cuerpo: indio de mierda, negro de m…, gitano de m…, judío de m…, chileno de m…, y los gentilicios apócrifos y despectivos hacia las personas inmigrantes provenientes de países limítrofes: bolita, chilote, paragua, brasuca, acompañados de la expresión…‘Vienen aquí a matar el hambre’.

Los niños, que son una esponja y una propaladora de las intimidades que solamente deberían ser hogareñas, transportan con cierto cinismo los dichos proferidos por sus padres. Y es en el patio de la escuela donde la crueldad de la manada encuentra al más lábil, al más desvalido, al más desprotegido, al chivo expiatorio ideal: el anteojudo, el desgarbado, el triste, o el obeso del grupo.

Es en esta antesala de la educación, donde los niños, púberes y adolescentes aprenden, a lanzar sus primeros apodos y alias discriminatorios, a construir escarnios, humillaciones, insultos, improperios y deshonras y a practicar el lenguaje racista, segregacionista, y ofensivo: ‘Fuimos a pescar con Bruno, Lucas y el ‘Mono’… dice Adrián; ¡Llegamos tarde a bailar por la gooorda…! se queja a los gritos la más blanquecina y linda del grupo; una alumna que luce desaliñada, y desorientada ante el caótico sistema educativo, comenta después de rendir la asignatura Lengua Castellana: ‘La vieja de mierda me puso un tres’; y un curso de estudiantes escuchan asombrados la frase que un profesor de inglés le propina -en español argentino y con poca pedagogía escolar- a un alumno de pelo rastafari: ‘Vos sos más feo que una patada en los huevos’.

Estos pocos ejemplos muestran con claridad en qué lugar se elaboran y perfeccionan las exclusiones, las injurias, las burlas y el maltrato a los miembros de la sociedad: en la familia, en la escuela, (dos instituciones en crisis) en el espacio público, en el trabajo, y en todos los estamentos de la sociedad.

La responsabilidad en los medios

Cuando se analiza una expresión discriminatoria en la prensa es necesario hacer una aclaración para algunos que no estén muy atentos al asunto: no se tra-ta de cer-ce-nar la li-ber-tad de expre-sión y de im-pren-ta que tie-nen los me-dios y los pe-rio-dis-tas sino de la obligación de cuidar las formas lingüísticas y evitar así la grafía o el enunciado que produce una ofensa a determinadas personas.

En esto, la premisa más relevante es no quitarle la responsabilidad y la ética que le cabe al medio de difusión, tanto en la hechura como en la edición del material informativo que será publicado.

En ciertas ocasiones los medios incurren en lenguajes racistas, discriminatorios, ofensivos o segregacionistas, y esa incorrección puede tener origen en numerosas causas, entre ellas: el desinterés, la pereza, el desconocimiento, la ignorancia, la despreocupación, la imprudencia, la negligencia, y la política editorial.

Racismo con el pueblo romaní

Racismo con el pueblo romaní


Con frecuencia, los cuatro primeros factores producen en la prensa una transcripción de las discriminaciones que portan las noticias que provienen de la calle o de las conversaciones que se gestan en los espacios públicos. Son informaciones que no reciben el tratamiento y la edición necesaria para evitar la ofensa. Es el caso del funcionario que informa en una entrevista radial que se han efectuado infracciones a una familia de gitanos, mientras el entrevistador asiente con la misma palabra. Ello significa que existe un desconocimiento o falta de interés en saber y aprender en qué contexto periodístico es correcta o no dar a conocer la etnia de los contraventores. Si la condición gitana, cíngara, rom o romaní de una persona no es el pilar principal de la cobertura periodística, no hay motivo para mencionarla en las noticias.

Discriminación a gitanos

Discriminación a gitanos

Sin embargo hay otros casos donde los motivos son la imprudencia o la negligencia del redactor, periodista, corrector o editor en el tratamiento de la información. Son las noticias que el medio de comunicación recibe de las instituciones estatales y donde el periodista cita la fuente, creyendo que se quita de encima el lazo de la responsabilidad. El título en la portada de un diario: ‘Conmoción. Una mujer boliviana fue asesinada de un disparo…’, es ofensivo para la víctima y los familiares, ya que dar a conocer el país de origen de la damnificada no aporta nada relevante a la noticia. Porque con ese criterio, y para ser equitativo con todos, la prensa debería titular: ‘Murió un albañil chileno al caer de un andamio’; ‘Un empresario judío fue secuestrado anoche’; ‘El municipio decomisó mercaderías a vendedores ambulantes bolivianos’; ‘Un turista holandés mató a un piloto en vuelo para suicidarse’, o ‘Se quitó la vida una mujer argentina al arrojarse desde el piso decimotercero’, etcétera.

No obstante, el tercer mecanismo es el más reprochable de todos. Está relacionado con la política editorial del medio de comunicación, el cual permite a sabiendas, el desprecio, el insulto, el agravio, la discriminación, y la ofensa, con el fin simple de captar la atención del lector, oyente o telespectador, incrementar la cantidad de consumidores y aumentar las ventas de la publicidad.

Son espacios donde el editor del medio permite que los conductores de programas audiovisuales se expresen con palabras groseras, y estimulen y admitan de sus interlocutores respuestas con un lenguaje soez, hostil y discriminatorio. ¿Por qué una panelista de un programa de TV ventila muy suelta de cuerpo que fulano de tal es ‘gay’?

Xenofobia con inmigrantes

Xenofobia con inmigrantes

Porque la mayor parte de la población en la Argentina esta sedienta de espacios de entretenimientos triviales, banales y tontos, donde el chisme y el rumor de la vida de los falsos artistas y personajes de poca monta que deambulan por los medios, ocupan el tiempo que la casa y los miembros de la familia necesitan para interactuar y comunicarse. ¿Por qué un conductor de tevé denigra a una de las columnistas de su programa, al confesarle a la audiencia que ella le practicó una felatio a un músico británico que estuvo en la Argentina?

Porque la gran demanda del público obnubilado está relacionada con los contenidos superficiales y sensacionalistas, la vida de los personajes de la política, el espectáculo y el deporte, y los programas de televisión que hablan de otros programas de televisión que se han ocupado de otros programas de televisión. Es allí donde se aprovecha el show para violar el derecho a la intimidad, y la dignidad de algunas personas. Donde la burla y el chiste no pueden encubrir que ciertos programas se hallan en mal estado, no aptos para el consumo humano. Es aquí donde los organismos del Estado deberían sancionar a las empresas periodísticas que, protegiéndose en los gustos del público, discriminan, ofenden y marginan a ciudadanos que carecen de los elementos adecuados para protegerse.

Como habrá visto en estas líneas, no se trata de informaciones inexactas, de escritos que pueden enmendarse (parcialmente) en el espacio ‘Fe de errores’ de un diario, sino de personas que han sido afectadas por el tratamiento de las noticias, de ciudadanos que son ofendidos o dañados por la discriminación involuntaria o irresponsable de algún periodista o editor de un medio de comunicación, de víctimas que casi nunca son resarcidas por los perjuicios ocasionados, y de gentes que jamás serán acreedoras de un derecho de réplica.

Por ahora, nuestro lenguaje cotidiano -tanto en el hogar, la escuela, el trabajo  como en los medios de comunicación- nos delata algo intolerantes, discriminatorios, racistas, segregacionistas, xenófobos, ofensivos y de malos procederes, aunque la vulgaridad de las relaciones sociales, la sobreinformación, y la velocidad de las comunicaciones, no permitan detectar la letra chica de nuestros desprecios.

Sucio

El sindicalista Carlos Quintriqueo ensució el mobiliario urbano para hacer su campaña proselitista. Ensució con afiches paredes de casas particulares, ensució frentes de comercios y escuelas, ensució ventanas y mamposterías en hospitales, y otros espacios públicos. Lo hizo como ex funcionario del municipio, violando la ordenanza de propaganda política y con el silencio y la connivencia de políticos, concejales y la mayoría de los medios de comunicación.

Afiches en una vivienda particular


Aunque el intendente de la ciudad de Neuquén, Martín Farizano ha afirmado en varias ocasiones que para tener una ciudad limpia, bella y ordenada no son necesarias más ordenanzas, sino cumplir las que están en vigencia; pese a que todos saben que no se puede crear una ley para regular el acto de ensuciar; y pese a que embadurnar con pegamento y papeles los muebles urbanos es ilegal y tiene una condena social, un ex funcionario de su gestión, el sindicalista Carlos Quintriqueo, tomó los afiches con su imagen, miró a ambos lados, se rascó para dentro, y antes de empezar a pegar sus carteles en lugares prohibidos, con mucho desparpajo se dijo: ‘Si todos los hacen…’.

Con ese instinto, el ex subsecretario de Recursos Humanos, don Carlos Quintriqueo, pegó afiches en las celosías de las ventanas y mamposterías de hospitales, frentes de escuelas, paredes de casas privadas, carteles indicadores del municipio, frentes de comercios, cajeros automáticos, paredones de terrenos privados, columnas de alumbrado público, cajas de electricidad, y otros edificios. Con ello, quebró la premisa de las normas que rigen en la Comuna, que le abonó generosamente un salario mensual de casi 10.000 pesos por un cargo más político que de trabajo; transgredió las reglas fundamentales de convivencia que se pregonan desde esa entidad; infringió las ordenanzas en beneficio propio; incumplió los buenos hábitos de salubridad que se transmiten desde esa entidad; y demostró su profundo desprecio por los trabajadores que dice representar, y los vecinos, quienes deberán pagar con sus impuestos la limpieza y reparación de lo dañado.

Afiches en ventanas de un hospital

El afiche en cuestión, diseñado con poco arte y con el empleo cursi del símbolo de la arroba en lugar de vocales, muestra un Quintriqueo con un flequillo que le tapa casi toda su frente, pómulos algo prominentes y sonriente para la fotografía, casi como riéndose de los vecinos que resignados y con desazón deberán fregar el engrudo y la mugre que él les dejó en las paredes.

Infractor

Como si hacer pintadas, colocar afiches, esténciles, stickers y pasacalles en lugares prohibidos fuese una sana costumbre o un derecho consuetudinario, Quintriqueo pegó cientos de carteles en lugares no autorizados. Por ello, los inspectores de la dirección Espectáculos, Vía Pública y Actividades Nocturnas de la Municipalidad de Neuquén agregaron a Carlos Quintriqueo en la lista de contraventores de pintadas políticas de la ciudad, aplicándole 23 infracciones por violar la Ordenanza 10009. ¿Pagará Quintriqueo de su bolsillo las multas y los costos que demandarán el cepillado y el lavado o las tareas de remoción del material lo deberá hacer el Municipio, a través de dinero que proviene de los impuestos de los vecinos?

Láminas en una escuela

Responsabilidad de los medios

La transgresión que acabamos de ver forma parte de un comportamiento que comenzó a incrementarse a partir de 1983 y que actualmente accedió al rango de ‘común’ y ‘normal’, porque casi todos los partidos políticos, sindicatos, organizaciones civiles, y agrupaciones vinculadas al arte, lo hacen sin tapujos, ya que en esta circunstancia la ley no tiene la fuerza de apremiar u obligar a que paguen por la negligencia y los perjuicios que ocasionan. A ello hay que sumarle la conducta de algunos vecinos que se esmeran para que la ciudad de Neuquén luzca fea, sucia, anómica y hostil.


En esto, también tienen responsabilidad muchos medios de comunicación, los cuales presionados por la publicidad oficial o privada, no se atreven a preguntarles a los candidatos de partidos políticos, gremios y otras entidades por qué abusan de las normas municipales.

Luego del acto eleccionario de la Central de Trabajadores de la Argentina, Carlos Quintriqueo dio entrevistas a varias radiodifusoras en frecuencia modulada, quienes se abocaron únicamente a preguntarle por los resultados del escrutinio y otras nimiedades.

Afiches en columnas de alumbrado público

Solamente el periodista Francisco Ramón Casado García, del noticiario de la Radio LU-5, se refirió al asunto, al transmitirle las preocupaciones de algunos oyentes, quienes preguntaron a la emisora sobre el enchastre en las paredes de los hospitales y que el conductor del programa le hizo escuchar al entrevistado: ¿Cuándo limpiarán  el desastre de las pegatinas? y ¿Limpiarán lo que ensuciaron? Sin asumir ningún tipo de responsabilidad, cambiando el hilo de la conversación y desmereciendo el valor de las palabras, Quintriqueo respondió: ‘Seguramente… es el producto del fragor de la campaña de las distintas luchas,… expresando… las formas de poder dar a conocer cada una de las listas… seguramente’.

Afiche en un cartel municipal

Como habrá observado, la contestación sobre su campaña sucia no incluyó las palabras: limpiar, reparar, repintar, blanquear, ni las frases, resarcir el daño ocasionado, disculpas a los vecinos por ensuciar la ciudad, o la promesa de hacer en el futuro una propaganda de forma más prolija y limpia en las marquesinas y bastidores que indica la ordenanza. Con pedantería y descaro dijo: ‘El fragor de la campaña de las distintas luchas…’, como si ‘el fragor’ le diese autorización para el atropello, la impunidad, la ilegalidad y la provocación. Quintriqueo, enchastró, embadurnó, manchó y ensució con dolo, a sabiendas que cometía una infracción, sin interesarle los daños y gastos que provocaría en los vecinos y la Comuna.

¿Con qué fundamento jurídico y social el Municipio puede pedirles a los contribuyentes que cumplan con las ordenanzas si los funcionarios o ex autoridades que aspiran a ocupar cargos políticos en organizaciones desobedecen las mismas normas legales que en alguna oportunidad han hecho cumplir a la comunidad?

La actitud infiel e hipócrita que Carlos Quintriqueo le propina a la comunidad, nos hace más mediocres, más pobres, más brutos, más ignorantes, más descreídos de la actividad política e incita a los contribuyentes y vecinos a la desobediencia civil más que a cumplir con las obligaciones tributarias, las ordenanzas y las buenas costumbres de sociabilidad.

A los políticos y funcionarios argentinos les gusta aparentar y para ello emplean, entre otras cosas, los títulos honoríficos. Lo hacen a través de la comunicación institucional de los organismos públicos y con la connivencia de periodistas y redactores del Estado, que servilmente se prestan para la tarea.

‘Honorable’ Legislatura Provincial

Varios funcionarios hacen ‘autobombo’ con sus títulos de ‘licenciado’ y ‘licenciada’ en un texto de condolencias de una necrológica sobre una empleada que murió incinerada al quemarse su casilla en una villa miseria; un lector envía una rectificación a la sección Fe de errores de un diario, donde advierte que en la nota publicada sobre sus declaraciones debió decir que él es ‘licenciado’ en Administración de Empresas; el editorial de una revista de una cooperativa de electricidad es firmada por su titular con el título de Dr., mientras que en las páginas siguientes, las informaciones dan cuenta de la obsecuencia u obligación de los cronistas de la corporación: En sólo una página se repite ‘El doctor…fulano de tal’ en tres oportunidades; un departamento municipal envía una información a los medios de comunicación. Lo hace a través de un correo electrónico, el cual está redactado con el tratamiento de ‘doctor’, todo en mayúsculas y con espantosos errores ortográficos: ‘EL DOC. (Mengano de tal) SECRETARIO DE GOBIERNO INFORMA A TRAVEZ DE LA DIVISION CULTOS […]’; y una aprendiza de periodista le indica a una colega con más de 25 años de experiencia en un gabinete de prensa, que por orden del jefe del área, el nombre del gobernador deberá escribirse en las noticias del boletín con el cargo de… ‘Ingeniero’.

Pero no solamente las autoridades alardean con sus profesiones y cargos. Los organismos públicos y privados también ostentan una inmaculada institucionalidad ante los ciudadanos: ‘Honorable’ Concejo Deliberante; ‘Honorable’ Legislatura Provincial; ‘Honorable’ Congreso de la Nación; y en el ámbito privado: Colegio de ‘profesionales’ de Turismo; Colegio de ‘profesionales’ de Ciencias Económicas; y siguen cientos de colegios de ‘profesionales’; porque ahora además de ‘honorable’ todo es ‘profesional’, ‘original’, ‘espectacular’, ‘gigante’, ‘amigo’ y está en ‘3 D’.

Corrida de toros por el Serenísimo

La historia registra que el empleo de títulos y tratamientos honoríficos en la lengua castellana se produce en América del Sur con la llegada de los colonizadores en el siglo XVI.

Las frases de cortesía, tales como, Majestad, Su Majestad, Eminencia, Ilustre, Ilustrísimo, Excelencia, Excelentísimo, y sus abreviaturas, formaban parte de la escritura de esa época. Tales fórmulas, que se utilizaban en la redacción de documentos oficiales y asuntos del virreinato, fueron publicadas posteriormente en las primeras gacetas y hojas sueltas que se editaron en la gran aldea (hoy ciudad de Buenos Aires) a partir del siglo XIX.

Entre ellas se destacó el Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata, una gaceta que nació en abril de 1801 en la imprenta de los Niños Expósitos. Un semanario, redactado por el periodista español Francisco Antonio Cabello y Mesa, que rebasaba los temas que indicaba su título, tales como geografía, biología y literatura. Sin embargo, estas publicaciones, junto a la Gazeta de Buenos-Ayres de Mariano Moreno de 1810, eran órganos de prensa más vinculados con la comunicación institucional que al periodismo que se forjó después o como lo conocemos actualmente. 

Corrida de toros por el Príncipe

En su edición del 11 octubre de 1801, el Telégrafo Mercantil anuncia, lo que pocos argentinos en el presente saben sobre la actividad taurina en el Río de la Plata. ‘Corrida de toros. En celebridad del cumple años del Serenisimo Sr. Principe de Asturias, se lidiarán el dia 14. del corriente 12 Toros, en la Plaza nueva del Retiro, los cuales se han sacado de la Estancia de Victorino Cheves, vecino de Luxán, […]’. (La ausencia de tildes es parte de la grafía de la época).

Excmo. Videla

De los numerosos títulos honoríficos empleados desde el virreinato hasta la finalización de la dictadura militar en 1983, las expresiones que más perduraron hasta la actualidad en los documentos oficiales fueron ‘Honorable’ y ‘Excelentísimo’ y su abreviatura ‘Excmo.’.

Un botón de muestra de ambas grafías nos lo proporciona el proyecto de ley que le enviara en 1980 el Comité Federal de Radiodifusión al presidente Jorge Rafael Videla: ‘Excelentísimo Señor Presidente de la Nación. TENEMOS el honor de dirigirnos al Primer Magistrado con el objeto de elevar a vuestra consideración el adjunto proyecto de Ley de Radiodifusión elaborado con arreglo a lo dispuesto por la Honorable Junta Militar […]’.

Esta gala de grandeza en los documentos oficiales, vestida de protocolar, finalizó cuando en la reapertura democrática el gobierno del presidente Raúl Alfonsín dispuso para el área del Poder Ejecutivo ‘La supresión del título honorífico y fórmula ‘Excelentísimo señor presidente de la Nación’.

La medida estuvo en consonancia con el sistema democrático y el artículo 16 de la Constitución Nacional, que versa sobre la ‘igualdad ante la ley’ y que dice: ‘La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad […]’.

El objetivo de cambiar la redacción empleada durante la dictadura militar fue instrumentar expresiones acordes a la democracia. Entre las numerosas recomendaciones del decreto presidencial, bajo el título de las ‘Normas para la elaboración, redacción y diligenciamiento de los proyectos de actos y documentación administrativos’, dice que ‘la escritura deberá ser: clara, objetiva, concisa y en correcto español. Se evitarán preámbulos o expresiones que no se refieran al objeto de la comunicación, así como el empleo de palabras en idiomas extranjeros que no correspondan a nombres propios o sean intraducibles’.

Más adelante dice sobre los funcionarios: ‘a los restantes magistrados, dignatarios, miembros de las fuerzas armadas y funcionarios se los tratará por su cargo, anteponiendo la palabra ‘señor’ y al nombre el título profesional o el grado, si lo tuviera, y la palabra ‘Don’ o su abreviatura.

Si bien estas medidas están destinadas exclusivamente a la redacción administrativa, veremos cómo desde esos ámbitos se traslada a la comunicación institucional de las entidades públicas y cómo es el tratamiento que el periodismo privado le da a esas fórmulas.

Periodistas del Estado y del gobierno

En los organismos públicos hay dos tipos de periodistas y redactores: los que trabajan para el Estado y los que lo hacen para el gobierno de turno.

Los primeros tratan de informar y comunicar los asuntos públicos a la población a través de una comunicación institucional construida en base al arte y deberes del periodismo. Los segundos, en la mayoría de los casos, están dentro de la esfera de los poco instruidos, oportunistas, chupamedias, genuflexos, aduladores, serviles, obsecuentes, e inservibles, que escriben lo que les dicta el poder político. Son quienes intentan elaborar una noticia o información utilizando mayúsculas iniciales para todo, porque entienden que emplear minúsculas iniciales es una falta de respeto: Jefe, Director, Secretario, Subsecretario, Intendente, Gobernador, Presidente, con sus títulos honoríficos incluidos, con el aditamento poco periodístico de ‘mandato cumplido’, y el doblete, preferido por la presidente de la Argentina, Cristina Kirchner, ‘todos y todas’, más algunas palabras inglesas de moda, tecnicismos, circunloquios y otras porquerías creadas por el marketing político.

Son quienes no se preguntan si ese tipo de comunicación institucional goza de claridad periodística y credibilidad en las redacciones de los medios que la toman como materia prima para sus noticias. Son los redactores que escriben: ‘La Dirección Municipal para el Desarrollo del Deporte, Educación Física, Turismo y Recreación, dependiente de la secretaría de Desarrollo, de la Municipalidad de… informó a través del licenciado fulano de tal…’. Es una entrada larguísima, aburrida, con más ruido semántico que información y que no cumple con el objetivo del proceso de la comunicación. La escriben redactores más interesados en adular a los funcionarios que encomendados a lograr una comunicación legible y comprensible para todos los ciudadanos.

¿Es correcto el uso de títulos en la comunicación institucional?

El empleo de tratamientos honoríficos en la comunicación institucional es correcto cuando se trata del coloquio, actividades protocolares y la redacción de la documentación legal y administrativa para el uso interno de la organización. Pero no en el formato periodístico de noticia, porque esas pequeñas abreviaturas entorpecen la decodificación y lecturabilidad de la información.

La mayoría de los manuales de estilo de los medios escritos importantes en lengua española no permiten que sus periodistas escriban títulos honoríficos en las informaciones, a excepción de cuando lo demande la noticia. La restricción alcanza, incluso, a los más simples como ‘Señor’, ‘Señora’, ‘Don’, y ‘Doña’, con el simple objetivo de construir textos legibles.

Pese a que la comunicación institucional utilice y considere que los tratamientos honoríficos son sinónimo de cortesía, el empleo, y el traslado, de esas grafías al vecino y a los medios de prensa a través de una comunicación periodística, no es más que un comportamiento cursi, arrogante y fanfarrón que conlleva las ínfulas de funcionarios y políticos y la complicidad de periodistas serviles que construyen una comunicación que tiene poca cabida y credibilidad en el buen arte del periodismo.

Publicar una necrología en un obituario resaltando los títulos honoríficos de las personas que expresan sus condolencias, no es más que un ‘autoelogio’ camuflado en las reglas de cortesía, un engaño de las buenas prácticas en la escritura, y una falta de respeto por el lector y los familiares de la muerta.

El mensaje de un esténcil puede ser artístico, informativo, divertido, simpático, inofensivo o zonzo, pero en algunas ocasiones contiene leyendas que pueden ser demoledoras para el destinatario. Es un medio de comunicación alternativo y callejero, más comprimido que un twitter, pero que tiene una contundencia difícil de quebrantar: Todo el tiempo está en el mismo lugar, es imposible no leerlo cuando te lo llevas por delante, y tiene un atributo muy poderoso: siempre dice lo mismo.

 

Plantilla sobre el ex gobernador Jorge Sobisch

Una mano anónima, con un aerosol con pintura negra, trata de borrar en unos esténciles sobre genocidas los nombres de los represores de la última dictadura militar, Jorge Trave y Jorge Luis Pérez; en otros lugares de la ciudad el esténcil de ‘Sobisch asessino’, así, con doble ‘s’, se renueva casi constantemente, luego del asesinato del maestro Carlos Fuentealba; y un caso privado, que no ha tenido trascendencia en la prensa, se ventila en las paredes de la vía pública con una denuncia en letras azules: ‘Bonomo Sergio asesinó a mi papá’.


 

Esténcil sobre los represores militares Jorge Trave y Jorge Luis Pérez

Esténcil sobre los represores militares Jorge Trave y Jorge Luis Pérez

El contenido de estas expresiones en la vía pública revela varias cuestiones vinculadas con la comunicación y los medios de difusión: la imposibilidad de emitir estas denuncias o críticas en las emisoras de radio y televisión o a través de carta de lectores y solicitadas en la prensa escrita, ya sea porque las editoriales desean evitar delitos de calumnias e injurias, por asuntos relacionados con la ética y políticas editoriales, intereses publicitarios, presión del poder político o por la simple decisión de la empresa periodística de no dar a conocer ciertos hechos policiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

Del mimeógrafo a la pared

El esténcil, con esta grafía es la posible castellanización de la voz inglesa stencil, que significa, plantilla, estarcir, estarcido. La palabra en cuestión, que no está registrada en la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española, designaba una plantilla de plástico, papel, acetato, goma, metal u otros materiales, que se horadaba para hacer impresiones a través de un mimeógrafo. Esta técnica de impresión consistía en una plantilla de acetato que se grababa o picaba con una máquina de escribir y que luego se colocaba en el mimeógrafo para hacer las copias. Este método, y el vocablo esténcil, que se utilizó en la Argentina durante los años 70 y 80 para hacer diversas publicaciones, perdieron vigencia cuando fue sustituida por la fotocopiadora y otros sistemas offset.

Sin embargo, a principios de los noventa el término esténcil empezó a tener notoriedad cuando grupos de jóvenes dedicados a las pintadas y grafitis comenzaron a utilizar plantillas y pinturas en aerosol para imprimir sus dibujos y leyendas en forma rápida y evitar ser atrapados por la policía. No obstante, el método que nació para transmitir arte y diseño, ahora se emplea en muchas oportunidades para denunciar hechos y escrachar a políticos y funcionarios.

Imposible no leerlo

El esténcil apareció masivamente en la Argentina alrededor del 2001, luego de la pintada política y el grafiti. Hoy, es construido con placas radiográficas y otros materiales y es utilizado actualmente por los jóvenes para comunicar arte, entretenimiento, información o simplemente una crítica, queja o denuncia.


 

Esténciles en las paredes de un cementerio

Los atributos del esténcil respecto de otras formas de comunicación son insuperables: El mensaje es corto, de fácil lectura, contundente, y no tiene censura ni autocensura; no tiene intervención del mercado ni del Estado; es anónimo y por ello brinda protección a los autores; ocupa poco espacio y por ende no compite con las grandes pintadas y afiches colocados en las marquesinas; puede ser pintado una y otra vez; es de bajo costo y tiene miles de lectores de todas las clases sociales; la pintura en aerosol resiste el calor, el agua y las inclemencias,  acciones que no toleran el engrudo, el papel, el afiche y el sticker; el diseño, el color, el tamaño, y la repetición idéntica le otorgan fuerza, sorpresa, credibilidad y lecturabilidad; la uniformidad de su tipografía le da legibilidad; el mensaje es tan comprimido que cuando te lo llevas por delante es imposible no leerlo; es de fácil aplicación, lo cual posibilita a los autores una rápida retirada del lugar; es un soporte adecuado para comunicar aquello que los medios tradicionales no desean o se niegan a publicar por un sinnúmero de intereses comerciales o políticos; y posee esa maravillosa propiedad que tiene la escritura sobre la oralidad, y que el esténcil brinda: el mensaje siempre dice lo mismo.


 

El esténcil no es un delito

Calumnias e injurias

Desde el inicio del uso del esténcil en la Argentina, como un nuevo soporte de comunicación pública, se veía y actualmente se observa con frecuencia en las paredes de muchas ciudades un mensaje en inglés considerado popular en la jerga de los ‘estencileros’ y ‘grafiteros’ y que dice: Stencil is not a crime, que en español es algo así como ‘El esténcil no es un delito’. Entendemos que este cliché fue creado para la cultura de los esténciles relacionados con el arte, el diseño, la música, la moda, pero… ¿No son delitos las calumnias e injurias que se cometen a través de los esténciles? No, porque la comunicación es anónima, porque no se conoce al autor, y por ende no puede haber una sanción penal.

Por favor, (no) pintar (ni) pegar

A pesar de los sofisticados medios de comunicación y soportes existentes para transmitir arte e información, tales como teléfonos celulares, Internet, blogs, computadoras, correos electrónicos, mensajes de texto, fotografía digital, diarios, revistas, canales de radio y televisión, el esténcil se constituyó en poco tiempo en un eficaz medio alternativo para comunicar mensajes y denuncias en la vía pública.

Desde la reapertura democrática en 1983 en la Argentina, la comunicación política se apoderó de la mayoría de las superficies de las paredes y paredones públicos. El espacio para el arte del grafiti se redujo, pero la comunicación callejera encontró en el esténcil una herramienta formidable para comunicar aquello que no tiene cabida en el periodismo tradicional, y dar rienda suelta a la libertad de expresión, ya sea a través de un pequeño garabato, dibujo artístico, un diseño, o un efímero improperio.

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